Carácter: modo de ser y modo de hacer

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
12 julio 2022

El desarrollo del carácter es esencial para el desarrollo del liderazgo. Esto implica crecer en dos áreas del carácter: (a) un modo de ser, (b) un modo de hacer

Trabajar y cultivar el carácter implica, por un lado, la identificación y alineación de las conductas a un sistema de valores virtuoso, que apunta al desarrollo de un buen carácter (conocer el bien y hacer el bien – sentido ético), lo que se vincula con un modo de ser; pero integra también la dimensión de la excelencia: habilidades y hábitos para el desempeño eficaz, lo que se vincula con un modo de hacer.

No hemos acostumbrado a ver el carácter desde el modo de ser, desde el sentido ético solamente, que incluye la integridad, la honestidad, la transparencia, la práctica de la justicia y la verdad; pero el carácter también tiene que ver con el modo de hacer: con el sentido de competencia, con los hábitos de efectividad, con la entereza y fuerza de carácter para enfrentar la realidad y resolverla.

Desde esta perspectiva, el carácter necesita ser visto no sólo como un modo de ser (ética, valores, integridad), sino también como modo de hacer (habilidades, competencias, entereza, poder-enfoque) que se vincula al desempeño.

Carácter: modo de hacer

Puesto que el carácter como modo de ser ya está bastante estudiado y difundido, quiero enfocarme más en el carácter como modo de hacer, que abarca la dimensión mental (hábitos de pensamientos), como la claridad en saber qué hacer (comprender una situación, elegir en forma correcta, tomar decisiones sabias); abarca también la dimensión emocional (hábitos emocionales, gestión e inteligencia emocional), responder con apego a los valores, gestionar por los motivos correctos, utilizar el potencial que significan las emociones; y la dimensión conductual (hábitos de los comportamientos), como la voluntad de lo que se necesita hacer, traducir las intenciones en conductas valiosas, actuar con integridad).

En forma especial quiero referirme a la entereza o fuerza de carácter, como la capacidad de enfrentar los retos de la realidad, y lograr resolverlos. Esta competencia del carácter es la que permite resolver desafíos y retos, lograr metas, sobreponerse a los embates y circunstancias adversas, actuar con resiliencia, etc.

Ethos

Nos referimos al carácter como modo de hacer a lo que los antiguos griegos designaban como carácter con la palabra ethos, de donde deriva la palabra ética, que era la ciencia del carácter bueno.  Ethos significa carácter, pero no en el sentido de talante, sino en el sentido de “modo adquirido por hábito», lo que significa que el carácter se logra mediante el hábito y no por naturaleza. Dichos hábitos nacen «por repetición de actos iguales». A esto José Antonio Marina lo llama personalidad aprendida. Esto apunta al carácter no sólo como modo de ser, sino también como modo de hacer.

En palabras de José Antonio Marina, el carácter es:

El conjunto de las virtudes de una persona, su personalidad aprendida, el compendio de recursos intelectuales, emocionales y operativos que una persona atesora.

Alineado a esta cosmovisión, vale la pena resaltar que el mundo anglosajón traduce “virtud” por “strength” (fortaleza). Entonces, el desarrollo del carácter es, según Hernández – Sampelayo:

«El desarrollo de los hábitos de la mente, del corazón y de la actuación que capacitan a la persona para desarrollarse plenamente, es decir, usar su tiempo, talento y energía bien, llegar a ser lo mejor que pueda ser”.

Esto conlleva a que la persona crezca de manera consciente, coherente e integral en todo su potencial, con énfasis desde adentro.

El carácter puede ser definido según esta perspectiva, no sólo como valores morales y poéticos, sino también como el conjunto de valores operativos, valores en acción, vale decir, valores convertidos en virtudes o disposiciones internas (hábitos – potencia para actuar); el conjunto de hábitos que favorecen la excelencia. Lo que subraya su fuerza, energía, competencia y destreza, y no sólo su sentido moralizante. El énfasis está puesto sobre el entrenamiento del carácter. No se trata de simple educación por valores, que por demás es necesaria desde el punto de vista de la construcción ética-moral que representa el soporte filosófico y ético de las virtudes, sino de desarrollo de competencias, hábitos y destrezas.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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