Carácter y competencia: dos caras de la misma moneda

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
29 abril 2022

En la construcción del liderazgo hay dos dimensiones que requieren desarrollo: carácter y competencia (dominio como maestría).

Estas dos esferas son inseparables en el liderazgo.

Carácter sin competencia se traduce, por ejemplo, en un líder con integridad, pero incompetente. Y competencia sin desarrollo de carácter se traduce, por ejemplo, en un líder con dominio de la tarea, pero que carece de credibilidad y, por tanto, de influencia.

Carácter y competencia son dos dimensiones que se funden en el ejercicio del liderazgo

Se implican recíprocamente. Los líderes no operan basándose en el carácter o en la competencia, sino en la convergencia de los dos. Por ejemplo, el juicio recto es una combinación de integridad y conocimiento; el crear expectativas motivantes en los colaboradores combina inteligencia emocional con dominio de la tarea; el comunicar para persuadir es una combinación de habilidades de comunicación y motivación con credibilidad personal; la productividad es una mezcla de disciplina y habilidades y destrezas para ejecutar la tarea; la toma de decisiones acertadas es una combinación de valores comprometidos con conocimiento y experiencia de la organización y el entorno.

Competencias en el liderazgo

Podemos hablar de dos tipos de competencias: técnicas y genéricas.

Las competencias técnicas

Son los conocimientos, dominios y destrezas referidas a un campo específico, adquiridas por formación académica o experiencia en un campo de trabajo específico. Estas competencias son necesarias para el desempeño laboral y el dominio de una tarea, pero insuficientes para el éxito y la eficacia personal.

Las competencias genéricas (competencias del carácter)

Necesarias para la gestión efectiva en general, independientemente del rol profesional, de trabajo o campo de especialidad que se desempeñe.

Estas competencias genéricas son las que aportan a la capacidad de pensamiento, manejo emocional, capacidad de acción; y en buena medida condicionan el buen despliegue de las competencias técnicas.

Estas competencias abarcan la comunicación efectiva, la gestión emocional positiva, la disciplina personal, el pensamiento crítico y la capacidad de transmitir ideas y conceptos en forma clara, la toma de decisiones asertivas, la habilidad para generar vínculos, la habilidad para gestionar conflictos, la capacidad para aprender por sí mismo, la capacidad para auto-liderarse y liderar a otros, entre otras competencias esenciales.

Carácter: modo de ser y modo de hacer

Las competencias genéricas son las competencias del carácter. Desde esta perspectiva, el carácter necesita ser visto no sólo como un modo de ser (ética, valores, integridad), sino también como modo de hacer (habilidades, competencias, entereza, poder-enfoque) que se vincula al desempeño.

Carácter: modo de hacer

Estas competencias del carácter como modo de hacer, incluyen la integralidad de las personas: pensamiento, emoción y acción. Abarca la dimensión mental (hábitos de pensamientos), como la claridad en saber qué hacer (comprender una situación, elegir en forma correcta, tomar decisiones sabias); la dimensión emocional (hábitos emocionales, gestión e inteligencia emocional), como responder con apego a los valores y con conciencia emocional, gestionar por los motivos correctos, utilizar el potencial que significan las emociones; y la dimensión conductual (hábitos de los comportamientos), como la voluntad de lo que se necesita hacer, traducir las intenciones en conductas valiosas, actuar con integridad).

A modo de conclusión

Para cualquier rol que se desempeñe se requieren competencias técnicas y competencias genéricas. Y el buen desempeño es una combinación de ambos tipos de competencias; pero las genéricas son esenciales para cualquier tipo de rol.

Es la resultante del conjunto de competencias (específicas y genéricas), lo que le da la idoneidad al líder para desempeñarse con efectividad, y realizar y/o resolver las tareas, retos, relaciones, objetivos, etc.

Y es este último tipo de competencias: las competencias del carácter, las que marcan la diferencia entre un líder exitoso y otro que no lo es. Son las competencias del carácter las que le permiten al líder resolver las exigencias de la realidad.

Son las competencias del carácter las que facilitan al líder resolver desafíos y retos, lograr metas, sobreponerse a los embates y circunstancias adversas, actuar con resiliencia, etc.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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