¿Cómo se desarrolla el liderazgo?

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
11 septiembre 2022
  • ¿Podemos enseñar a las personas a que sean líderes?
  •  ¿Podemos enseñar académicamente el liderazgo?
  •  ¿Existe algún prerrequisito para convertirse en un líder?

¿Qué es el liderazgo?

Esta no es una pregunta para responderla académicamente ni puntualmente.

Comenzaremos diciendo que el liderazgo es un proceso y no un evento, porque el liderazgo tiene que ver con el proceso de crecer y mejorar personalmente. Y la mejora personal es un camino, y no un solo acto; no se crece espasmódicamente, como un evento, sino por etapas. El liderazgo es un camino de superación personal.

El liderazgo es un recorrido, un viaje que dura toda la vida. Un camino en el que se crece y madura continuamente. El punto de partida de ese viaje es uno mismo: sus emociones, sus talentos, sus mapas y paradigmas, su autoestima, sus valores.

Es un viaje que invita a la autoexploración y la habilitación del potencial propio, al autoconocimiento, al fortalecimiento de la autoestima, al cambio de hábitos, al cambio y desarrollo personal.

El liderazgo se desarrolla de adentro hacia afuera

Ese recorrido se hace de adentro hacia afuera como dirección, en un intento de comprensión y conexión con uno mismo. Se extiende desde el carácter como centro de la acción hasta afectar el entorno, en forma concéntrica: de lo intrapersonal, que es mi conexión conmigo mismo, a lo interpersonal; de lo interpersonal que es mi conexión con otros, a lo organizacional; de los organizacional, que es mi conexión con la organización que lidero, a lo social, como describiendo una onda expansiva que concéntricamente crece y se extiende de adentro hacia afuera. El liderazgo siempre es primero interno, y luego se expande concéntricamente a otros ámbitos mayores, en la medida que se crece y conoce mejor.

Primero aprendemos a influenciarnos consciente e intencionalmente a nosotros mismos:  nuestros pensamientos, actitudes, emociones, pasión y comportamientos; y luego aprendemos a influenciar a otros. El liderazgo interpersonal, organizacional y social es precedido por el autoliderazgo, y se logra posteriormente, cuando sobre la base de la experiencia y el crecimiento personal, se facilita el desarrollo, el empoderamiento, la habilitación y la transformación de otros.

El aprendizaje del liderazgo

“Uno de los problemas de los cursos corrientes del liderazgo es que se concentran exclusivamente en habilidades y producen gerentes más bien que líderes, si es que algo producen. Desde luego, las habilidades gerenciales se pueden enseñar y son útiles para un líder, pero los ingredientes del liderazgo no se pueden enseñar. Tienen que aprenderse”. (Warren Bennis).

Las habilidades para el liderazgo (no hablamos de habilidades gerenciales), no se pueden enseñar en forma teórica o académica. El liderazgo no es una asignatura que se aprende estudiando académicamente. El liderazgo no se enseña en las aulas a través de clases magistrales, se desarrolla en la calle, en la escuela de la vida, en cada uno de los ámbitos donde hacemos vida e interactuamos. Desarrollamos liderazgo a través de la universidad de la vida, que es la verdadera maestra, y siempre y cuando tengamos la intencionalidad y la determinación de conocernos, cambiar, crecer y de llegar a ser nosotros mismos, porque el liderazgo requiere nutrir nuestra propia naturaleza y vida.

El aprendizaje del liderazgo es aprendizaje desde la experiencia

El aprendizaje del liderazgo no es un aprendizaje convencional, porque tiene que ver con el desarrollo del carácter, con la capacidad para la gestión emocional, con el desarrollo de la conciencia, con la capacidad para envisionar, con el sentido ético, entre otros factores, y eso sólo se puede aprender e instalar desde la experiencia y la propia reflexión. El liderazgo no se enseña, se aprende a partir de la propia experiencia y práctica.

El liderazgo no se enseña académicamente, se desarrolla, se construye, se aprende, y se aprende a través de la experiencia y la práctica y la repetición continua y personal en contextos reales. Más que un concepto que hay que entender y memorizar, es una práctica que hay que vivir; y es un aprendizaje que corre paralelo al desarrollo del carácter.

El liderazgo se experimenta, no se conceptualiza, pues no es tanto un asunto de teorías y modelos, que pueden ser útiles, pero que no son la esencia del liderazgo. Y para experimentarlo tenemos que trabajar con nuestro carácter, en situaciones reales donde lideremos.

Desarrollar la capacidad para el liderazgo requiere del desarrollo consciente de actitudes, destrezas y habilidades. Y la única forma de aprender una habilidad es practicándola, y eso mismo es lo que precisa el liderazgo. El liderazgo es más una competencia y un lenguaje que se desarrolla a través de la experiencia, que un conjunto de conceptos y teorías. No aprovecha entender teóricamente el liderazgo desde el punto de vista intelectual, sino no se practica. En todo caso, se puede propiciar un entorno donde la gente aprenda haciendo. Para experimentar el liderazgo hay que practicarlo desde quienes somos, desde nuestra naturaleza.

El desarrollo del liderazgo requiere conocimiento y comprensión propios

Por otra parte, el liderazgo se inicia por comprenderse mejor uno mismo (los puntos débiles y fuertes, valores, personalidad, talentos y habilidades, vocación, etc.). Desarrollar liderazgo implica conocerse a uno mismo lo mejor posible. Para crecer en liderazgo la principal relación que se necesita cultivar es con uno mismo.

El autoconocimiento es indispensable para el desarrollo efectivo de la capacidad de liderar. Al respecto dice John Adair: “El liderazgo es más una cuestión de personalidad, temperamento, actitudes y valores”. Por eso es tan importante el autoconocimiento para el desarrollo del liderazgo. Y John Maxwell lo complementa al decir: “Los líderes son efectivos por lo que son interiormente; por las cualidades que los hacen personas. Para llegar al más alto nivel de liderazgo, las personas tienen que desarrollar esos rasgos interiormente”. En esa misma tónica agregan Kouzes y Posner: “Desarrollo de liderazgo es lo mismo que desarrollo personal”. Y complete Peter Senge diciendo: “El verdadero liderazgo viene de muy adentro”.

El proceso del desarrollo del liderazgo es la búsqueda por descubrir quién es uno mismo, para proyectar esa conciencia de quién se es hacia afuera en un proceso transformacional. Ese autoconocimiento es indispensable para el desarrollo efectivo de la capacidad de liderar, porque es esa claridad de conciencia, la que engendra la confianza para crecer y cambiar, la determinación, la convicción, el coraje y la energía para actuar, crear y transformarse, a la vez que transformar el entorno.

No hay liderazgo sin conciencia de sí mismo.

El desarrollo del liderazgo es el desarrollo del autodominio

Y no sólo se requiere madurar en autoconocimiento, sino también madurar en autodominio. La habilidad más importante que el líder necesita desarrollar es el dominio de sí mismo, la gerencia de sí mismo, la maestría personal. Liderazgo es dominio personal – desarrollo del carácter – (emociones, hábitos, actitudes, comportamientos, tiempo, etc.). Este es un proceso intrínseco que se necesita desarrollar con intencionalidad y en forma consciente. En forma práctica se traduce en la habilidad para gestionar, regular y adaptar la conducta en ajuste al contexto y de acuerdo a las metas y valores asumidos. Este proceso implica asumir la responsabilidad de hacerse cargo de sí mismo: de sus conductas, de su educación, de los cambios que se requieren para crecer y cambiar.

En este sentido, el liderazgo es un proceso de transformación personal que nace en el líder mismo. Crecer en liderazgo personal requiere emprender un camino que demanda trabajar con la propia autoestima, definir y comprometerse con un conjunto de valores, madurar en la gestión emocional, desarrollar autoconocimiento, construir un conjunto de hábitos de efectividad alineados con un propósito de vida que se ha elegido, educar y moldear la mente con mapas y paradigmas bien metabolizados y contextualizados con la realidad en lo que se gestiona, empoderarse por sí mismo, lograr equilibrio personal y capacidad de aprender por sí mismo.

Los buenos líderes se desarrollan mediante un proceso interminable de auto-estudio, educación, capacitación, autodesarrollo y experiencia, en el que la plataforma desde donde se construye el liderazgo es el desarrollo del carácter.

¿Cómo se genera el liderazgo?

No hay una receta única y estándar. Es un proceso muy personal. Cada quien tiene que encontrar responsablemente su propio camino y ritmo para desarrollar su liderazgo.

Por otra parte, el liderazgo no surge como consecuencia de unos rasgos innatos, o características universales asociadas a la personalidad; no es un asunto de tener una personalidad magnética y carismática. El liderazgo no está reservado a unos pocos que nacen con dotes especiales. Eso es un mito. El liderazgo es un conjunto observable de prácticas, habilidades y competencias que se pueden aprender por cualquiera que se disponga a crecer en liderazgo. El liderazgo es el proceso de desarrollar esas prácticas, habilidades y capacidades. Ahora, tengamos en cuenta que las circunstancias de cada persona son únicas, por lo que éste es un proceso que es diferente para cada persona.

El liderazgo se genera de las historias vitales (experiencias reales de vida, desarrollo del carácter, aprendizajes  propios a lo largo de la vida); superando obstáculos, fortaleciéndose en el proceso; desarrollando en el proceso la consciencia de las propias fortalezas y debilidades, asumiendo la responsabilidad de sí mismo: por sus elecciones, educación, crecimiento, aprendizaje; contestando sus propios interrogantes, resolviendo sus propios dilemas y creando las soluciones a sus propios problemas. El liderazgo es desarrollo y práctica, y el desarrollo tiene que ver con la vida, con las experiencias, con la gestión de los retos y desafíos con que somos confrontados, y con el coraje para conocernos mejor, crecer, actuar y atrevernos.

En este proceso todo a lo que el líder ha sido expuesto le forma y contribuye a su crecimiento, si desarrolla la actitud adecuada ante lo que le acontece, y tiene la intencionalidad de sacar aprendizajes de la vida. En este sentido, los líderes utilizan el entorno a su alrededor para aprender y crecer.

Así el líder aprende de sus propias experiencias, en la medida que se permite reflexionar sobre ellas; y también aprende de las experiencias que les han ocurrido a otros, integrando ese aprendizaje a su razonamiento y relaciones. En este proceso es importante que la persona mantenga la actitud de aprendiz. Eso hace que él mismo sea su mejor maestro. Aquí aplica el dicho “el maestro aparece cuando el aprendiz está listo y dispuesto”.  En este proceso la experiencia es la mejor, y quizás única y verdadera maestra.

“El liderazgo se cuece progresivamente a fuego lento. No hay milagros, fórmulas mágicas, recetas fijas ni instantáneas, ni atajos. Se necesita coraje y determinación, porque requiere mirar honestamente hacia adentro para comprender cómo funciona nuestro engranaje interno y tener el valor para cambiarlo para mejor. También requiere paciencia, perseverancia, disciplina, capacidad para postergar la gratificación y resistencia a la frustración, pues los resultados se cosechan a largo plazo. No se siembra hoy y se recoge mañana, es un camino que lleva tiempo, y la mayoría de las veces no se puede apurar. Muchas veces hay que desaprender comportamientos y paradigmas, trabajar sobre otros nuevos y sufrir el proceso”.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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