Icono del sitio Vida Efectiva

Liderazgo es dominio personal

“Es mejor el que tarda en airarse que el fuerte; y el que gobierna y reina sobre su espíritu, que el que conquista una ciudad” (Proverbios 16:32).

En este proverbio enfatiza el valor del dominio propio como virtud, especialmente aplicable a aquellos de lideran a otros. Quien logra dominio de sí mismo, está en mejor posición para liderar, que quien logra dominar, controlar o imponerse sobre una ciudad, empresa o sociedad. En materia de liderazgo el dominio personal se traduce en autoridad e influencia, pero también en eficacia personal.

Lao Tze dijo: “Quien vence a los otros, es fuerte. Quien se vence a sí mismo, es poderoso”. El filósofo Platón se suma a esta línea de pensamiento: “La primera y gran victoria es conquistarse a uno mismo”. A su vez, el autor y consultor Stephen Covey dice que “las victorias privadas preceden a las victorias públicas”.

El autodominio de traduce en autoadministración de mí mismo: mi tiempo, mis emociones, mis pensamientos, mis actitudes, todo lo que yo soy. Desde el autodominio construyo los recursos, las habilidades, las competencias, los hábitos para la gestión efectiva. Y esto me habilita para liderarme a mí mismo y a otros.

Dominio personal: capacidad y voluntad

Esto se traduce en capacidad, en términos de destreza y competencia, de lograr maestría en la forma de desempañarse, crecer y aprender; pero también de voluntad, para desarrollar la disciplina necesaria para comprender, transformar y trabajar con las fuerzas que nos rodean.

En ese sentido, implica ver la vida como un proceso permanente de crecimiento catalizado por el aprendizaje. Esto implica un estilo de vida más que un proceso de entrenamiento y capacitación. Significa acercarse a la vida de uno como a un trabajo creativo (de crecimiento, de responsabilidad y de transformación), vivir la vida desde un punto de vista creativo como oposición a lo reactivo; tener una orientación al crecimiento y a la habilitación del potencial propio. Esto conlleva la actitud y disposición para reinventarse (autorrealizarse), y convertirse en el creador de sí mismo.

El dominio del liderazgo es, pues, el dominio de uno mismo: de su emocionalidad, de su carácter; de sus talentos, de sus hábitos, de sus habilidades, de sus potencialidades. El dominio personal incluye: auto – gobierno, auto – gerencia, auto – auto-aprendizaje, autodesarrollo. Tiene que ver con la capacidad de gobernar sobre a sí mismo. Acertadamente dicen Kouzes y Posner: El dominio del arte del liderazgo es el dominio de uno mismo.

El desarrollo del liderazgo está asociado al desarrollo y dominio personal; a la autogestión de la propia vida. El líder primero es líder de su propia vida. De esta forma, de adentro hacia afuera, desde el dominio de sí mismo, el líder logra dominio de la tarea, dominio del tiempo, dominio del contexto – entorno, dominio de las relaciones.

El éxito en el ejercicio del liderazgo tiene que ver con el trabajo organizado desde la fortaleza y dominio interior; desde la capacidad de auto-gestionarnos con eficacia, auto-regularnos emocionalmente, administrar nuestros talentos y habilidades, a gestionar nuestro tiempo, a construir hábitos adecuados. enfocarse en un objetivo hasta alcanzarlo, desarrollar habilidades y destrezas y, en general, desarrollar los cambios necesarios para crecer y avanzar en la vida.

Por otra parte, el dominio propio es fundamental para mantener la congruencia con uno mismo, para ser fiel a uno mismo: a sus valores, vocación, talentos y personalidad. Y sin congruencia personal nuestro liderazgo se debilita.

El autodominio que acompaña al líder se traduce en maestría

Este autodominio que se logra, se traduce en maestría: la capacidad de hacer o ejecutar una actividad con destreza especial, como un arte. Peter Senge lo dice de la siguiente manera: “El dominio de nuestra persona nos permite ser magistrales en lo que realizamos”. El dominio personal se relaciona con la maestría que supone manejar los principios que fundamentan el modo de gobernarse a sí mismo y producir resultados; y en el caso del liderazgo, de influenciar y habilitar a otros. Por extensión el autodominio aplica al dominio de todo el quehacer personal: gestión del tiempo, expresión de los talentos y habilidades, alineación con los valores, gestión sobre las emociones, ejecución de la tarea, etc.

En relación con el dominio de sí mismo aplicable al liderazgo, hay 5 áreas de dominio personal que son cruciales en el ejercicio del liderazgo: tiempo, talentos – habilidades, emociones, valores y hábitos.

El desarrollo de la disciplina es esencial en el ejercicio del liderazgo 

 Mi ligado al autodominio está la autodisciplina. Si bien podrían utilizarse como sinónimos uno del otro. Si autodominio es auto-control, autodisciplina es entrenamiento para obrar según unos valores y normas de actuación. Es auto-educación voluntaria. Es un entrenamiento progresivo. Po eso dentro de los consejos que William James da para adquirir autodisciplina, está lo que él llama “conservarse entrenado”. Esto habla de permanencia, constancia, esfuerzo en una práctica regular.

La autodisciplina también está ligada al aprendizaje. No olvidemos que disciplina proviene de “discipulus”, derivada a su vez de la contracción de “discere”, aprender, y de “pello”, impulsar. Así, pues, disciplina es “lo que impulsa a aprender”. Más que la idea de sujetarse, es impulsarse y saber organizarse para aprender. El aprendizaje es un pilar esencial para el dominio personal.

Un elemento, pues, que está ligado al autodominio es la autodisciplina. La auto-disciplina construye autodominio de nuestro tiempo, emociones, hábitos, habilidades, etc. La autodisciplina juega un papel fundamental en la calidad de nuestra gestión.

Qué es autodisciplina

La autodisciplina es la capacidad de sujetar los impulsos y reacciones, gestionando las emociones y los comportamientos. Implica desarrollar la voluntad de sobreponerse a la comodidad, de frenar la tendencia a ir con las disposiciones y tendencias naturales, para provecho propio y de los demás.

Sin autodisciplina la persona se hace muy vulnerable a las personas y circunstancias del entorno. La persona, entonces, tiende a buscar el agente causal de los acontecimientos y resultados en su vida, afuera de sí misma. Pero cuando se desarrolla autodisciplina, la percepción de control interno crece (la persona tiene la percepción de que ella controla su vida); la persona se siente dueña y en posesión de sí misma. En ese escenario la persona valora positivamente el esfuerzo propio, la habilidad y la responsabilidad personal.

Por otra parte, sin auto-disciplina no se puede establecer y mantener y consolidar un ritmo productivo que facilite el desarrollo del potencial propio. Sin auto-disciplina el compromiso y la voluntad de hacer no son suficientes. Si la persona se deja llevar por sus propios impulsos, ella misma será su mayor enemigo. Por el contrario, la persona con autodisciplina no es controlada desde afuera, ni es gobernada por sus pasiones y humores.

El dominio propio es fundamental para construir un carácter maduro

Con dominio propio la persona no es controlada desde afuera (opiniones, presiones, circunstancias), ni gobernada por sus pasiones y humores. Pero sin dominio propio – sin autodisciplina – es difícil generar madurez y fortaleza de carácter: autoestima sana, hábitos saludables, entereza, congruencia, integridad, alineación conducta – valores. El autodominio engendra carácter: Al respecto dice Joyce Mayer: Nuestro carácter se forma por la falta o presencia de disciplina.

La gente con un nivel alto de dominio personal comparte ciertas características básicas:

Para reflexionar:

Salir de la versión móvil