¿Podemos enseñar liderazgo?

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
5 junio 2022

¿Podemos enseñar a las personas a que sean líderes?

 El liderazgo no se enseña, se aprende a partir de la propia experiencia y práctica.

El liderazgo no se enseña académicamente, se desarrolla, se construye, se aprende, y se aprende a través de la experiencia y la práctica (repetición) continua y personal en contextos reales.

Más que un concepto o un conjunto de teorías que hay que entender, es una práctica continua que hay que vivir; y es un aprendizaje que corre paralelo al desarrollo del carácter. Es una transformación personal que va ocurriendo en la medida que la persona crece y madura como líder, y desarrolla un conjunto de competencias y habilidades de liderazgo.

Proceso de construcción de la capacidad de liderar

Los líderes se forman tanto por sus experiencias y por entenderlas y aplicarlas como por sus habilidades; pero esto es un proceso, e implica intencionalidad tanto del aspirante a líder, como de los líderes de una organización que decide desarrollar líderes.

En este proceso es importante que los líderes más altos de la organización provean un modelaje a los líderes que están habilitando. La capacitación es útil y colabora en la formación de líderes, pero la mejor manera de aprender liderazgo es con el ejemplo.

El aprendizaje del liderazgo tiene un buen porcentaje de aprendizaje implícito, que es el aprendizaje por imitación de los comportamientos observados en las personas que se toman como referencia de liderazgo. No se aprende a liderar tomando referencias de libros e historias, sino absorbiendo las experiencias vitales de modelos de carne y hueso, en tiempo real, y en contextos reales y concretos.

El liderazgo puede y debe aprenderse, pero no hay un proceso estándar que aplique a todas las personas. Es un proceso muy personal. No puede ser enseñado; pero sí puede aprenderse. No se enseña, por ejemplo, aspectos como: valores, coraje y vigor, capacidad para envisionar, ética; pero sí pueden desarrollarse.

El liderazgo se experimenta, no se conceptualiza

El liderazgo no es tanto un asunto de teorías y modelos, que pueden ser útiles, pero que no son la esencia del liderazgo, sino un asunto de desarrollo personal y capacidad de liderazgo a través de la práctica. Y para experimentarlo hay que trabajar con el carácter, en situaciones reales donde se lidere.

Desarrollar capacidad para el liderazgo requiere del desarrollo consciente de actitudes y habilidades. Y la única forma de aprender una habilidad es practicándola, y eso mismo es lo que precisa el liderazgo. El liderazgo es más una competencia y un lenguaje que se desarrolla a través de la experiencia, que un conjunto de conceptos y teorías que deben aprenderse. No aprovecha entender el liderazgo desde el punto de vista intelectual, sino no se practica. En todo caso, se puede propiciar un entorno – ambiente donde la gente aprenda haciendo, donde la gente tenga la oportunidad para ejercer el liderazgo en forma guiada. Se necesita de un entorno donde la persona aprenda haciendo, experimentado y viviendo los conceptos de liderazgo.

El liderazgo se aprende desde la práctica

Yo creo en el valor de los programas de liderazgo que ofrecen las instituciones educativas, y en el valor de estudiar teoría de liderazgo. Pero si partimos de la premisa de que el liderazgo es un conjunto de habilidades y destrezas que se necesitan desarrollar, y para desarrollarlas se requiere practica y crecimiento, podemos concluir que el liderazgo es un proceso que se aprende más desde la práctica que desde la teoría.

El liderazgo más que un concepto intelectual o teoría, es una vivencia, una práctica, un desarrollo. No se aprende a nadar con un manual, sino tirándose a la piscina. Igual ocurre con el liderazgo. Una cosa es enseñar la teoría del liderazgo (conceptos, definiciones, modelos), a través de clases magistrales, procesos de lectura inducida, casos de estudio, lectura de biografías de grandes líderes, exámenes, etc., y otra preparar a las personas para ejercer en la práctica, el juicio y las habilidades del liderazgo que constituyen el camino real. Este es un aprendizaje que la persona misma debe descifrar, instalar y comprender por sí misma, a través de su propia experiencia. El liderazgo se aprende desde la propia experiencia.

El desarrollo del liderazgo requiere autoconocimiento

Para experimentar el liderazgo hay que practicarlo desde quienes somos, desde nuestra naturaleza, y eso demanda autoconocimiento, y nadie puede enseñarnos a conocernos a nosotros mismos, como nosotros mismos. La comprensión del sí mismo no se puede tomar prestada de algún libro, ni recibir por transferencia de otra persona, ni endosar a otro.

Al fin y al cabo, como dijo Nietzsche: 

“Uno se experiencia sólo a sí mismo”.

El líder para ser efectivo necesita madurar en la conciencia de su propia interioridad, vale decir, tomar contacto con su propia realidad interior: emociones, necesidades, talentos, mapas, vocaciones, personalidad, etc. Esa comprensión que tiene de sí mismo es lo que le faculta para realizar un contacto nutritivo con el mismo y con el entorno que le rodea; es también la base de su efectividad intrapersonal e interpersonal como persona y como líder.

Se lidera desde el desarrollo de la autoconciencia

La plataforma sobre la cual ejercemos como líder no son las técnicas o metodologías que podamos utilizar, ni el conocimiento teórico que podamos haber adquirido sobre liderazgo en las universidades, sin desdeñar de su valor y utilidad. Ejercemos liderazgo desde el poder y la comprensión del yo mismo y su desarrollo, desde el crecimiento y madurez de nuestra conciencia. Bien dice Peter Senge:

“La calidad de nuestro liderazgo depende de la calidad de nuestra conciencia”.

Sólo en la medida de que somos conscientes de lo que hay adentro de nosotros, podemos responsabilizarnos y hacer algo para cambiar, crecer, utilizar, desarrollar lo que necesitamos para estar al nivel de las demandas del entorno. El liderazgo tiene que ver con el ser, con nuestra esencia, con el potencial propio, que necesita concienciarse para desarrollarse y activarse a través de experiencias vitales.

El desarrollo del liderazgo comienza por comprenderse mejor a uno mismo

Ese proceso comienza por comprenderse mejor uno mismo (los puntos débiles y fuertes, valores, vocación, pasión, personalidad, emociones, etc.). Es la búsqueda por descubrir quién es uno mismo, para proyectar esa conciencia de quién se es hacia afuera en un proceso transformacional. Ese autoconocimiento es indispensable para el desarrollo efectivo de la capacidad de liderar, porque es esa claridad de conciencia, la que engendra la confianza para crecer y cambiar, la determinación, la convicción, el coraje y la energía para actuar, crear y transformarse, a la vez que transformar el entorno. No hay liderazgo sin conciencia de sí mismo.

¿Cómo se genera el liderazgo?

Por otra parte, el liderazgo no surge como consecuencia de unos rasgos innatos, o características universales asociadas a la personalidad; no es un asunto de tener una personalidad magnética y carismática. Nadie nace líder. El liderazgo no está reservado a unos pocos que nacen con dotes especiales. Eso es un mito. En todo caso, sólo podemos percibir las características innatas y propias de cada persona como potencial para el liderazgo, y luego brindarles oportunidades para el desarrollo, entendiendo que esas cualidades necesitan ser desarrolladas.

El liderazgo es un conjunto observable de prácticas, habilidades y competencias que se pueden aprender por cualquiera que se disponga a crecer en liderazgo. El liderazgo es el proceso de desarrollar esas prácticas, habilidades y capacidades. Ahora, tengamos en cuenta que las circunstancias de cada persona son únicas, por lo que éste es un proceso que es diferente para cada persona. De modo que cada quien tiene que encontrar responsablemente su propio camino y ritmo para desarrollar su liderazgo.

El liderazgo se genera de las historias vitales

El liderazgo surge de las experiencias reales de vida, del desarrollo del carácter, de los aprendizajes propios a lo largo de la vida; superando obstáculos, fortaleciéndose en el proceso; desarrollando en el proceso la consciencia de las propias fortalezas y debilidades, asumiendo la responsabilidad de sí mismo: por sus elecciones, educación, crecimiento, aprendizaje; contestando sus propios interrogantes, resolviendo sus propios dilemas y creando las soluciones a sus propios problemas. Y en el proceso de la vida, desarrollar las cualidades del liderazgo, por propio aprendizaje.

El liderazgo es desarrollo y práctica, y el desarrollo tiene que ver con la vida, con las experiencias, con la gestión de los retos y desafíos con que somos confrontados, y con el coraje para conocernos mejor, crecer, actuar y atrevernos. El liderazgo se cuece con la propia experiencia, confrontando las propias vivencias, reajustando el desempeño para actuar con efectividad en la medida se pone a prueba el liderazgo. En cierta medida implica un proceso de ensayo y error.

De modo que todo a lo que el líder ha sido expuesto le forma y contribuye a su crecimiento, si desarrolla la actitud adecuada ante lo que le acontece, y tiene la intencionalidad de sacar aprendizajes de la vida. Así el líder aprende de sus propias experiencias, en la medida que se permite reflexionar sobre ellas; y también aprende de las experiencias que les han ocurrido a otros, integrando ese aprendizaje a su razonamiento y relaciones. En este proceso es importante que la persona mantenga la actitud de aprendiz. Eso hace que él mismo sea su mejor maestro. Los líderes utilizan el entorno a su alrededor para aprender y crecer.

A modo de conclusión

Las habilidades para el liderazgo (no hablamos de habilidades gerenciales), no se pueden, pues, enseñar en forma académica. El aprendizaje del liderazgo no es un aprendizaje convencional, porque tiene que ver con el desarrollo del carácter, con la construcción de las competencias para la vida efectiva, con la capacidad para la gestión emocional, con el desarrollo de la consciencia, con la capacidad para envisionar, entre otras habilidades; y esos aspectos de la vida no se adquieren por enseñanza académica.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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