Características de una decisión sabia

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
1 agosto 2022

¿Qué características debe tener una decisión sabia?

1. Decisión activa

Decidir activamente demanda cultivar la proactividad (contrario a la reactividad, que es actuar por impulso). Esto demanda hacer seguimiento a la decisión tomada hasta ser implementada en los términos en que se concibió. Y también demanda pensar y actuar con sentido estratégico.

Usted puede ser pasivo o activo. Es un asunto actitudinal.

Ser pasivo es apartarse de la propia fuerza personal. No tomar iniciativa, sino reaccionar ante los acontecimientos. La expresión máxima de pasividad es la victimización. Una víctima es una persona que cree que lo que está haciendo está más condicionado por sus circunstancias externas que por la forma en la que gestiona dichas circunstancias.

Por el contrario, una persona activa en tomar decisiones, no depende de las circunstancias externas ajenas sino de su capacidad de responder. Una persona que decide activamente confía en su capacidad ante las circunstancias de la vida y ante su resolución de responder a las demandas del entorno. Eso es lo que se denomina responsabilidad.

Cuando una persona es consciente de que lleva el control sobre su propia vida, entonces es capaz de vincular sus decisiones a la responsabilidad sobre la autoría de la decisión. En ese proceso es fundamental vincular las circunstancias externas a nuestro sistema de valores personales, con el fin de detectar y ser más conscientes de lo que hacemos, así nuestros actos son encaminados a través de nuestros valores. Esto les infunde confianza, convicción y congruencia a nuestras decisiones.

Ahora, para ser proactivo hay que aprender a pensar en forma estratégica, vale decir, con capacidad de anticipación, con planificación, producto de mantenerse contextualizado con lo que está ocurriendo en el entorno, lo que permite anticiparse a los problemas, prever soluciones, responder con flexibilidad, tener capacidad de respuesta, y no ser sorprendido por los acontecimientos.

Esta forma de pensar en forma estratégica no es una metodología o recurso para abordar “situaciones y tiempos de crisis”, o apagar fuegos inesperados, sino un hábito, una actitud de vida o forma de pensar que se cultiva. Es mas una disciplina diaria y no un recurso que se puede dejar en hibernación durante las épocas tranquilas, para despertarse cuando surge una emergencia.

2. Decisión segura

Decidir en forma segura requiere tener claridad de la dirección en que conviene movilizarse para actuar.

Ese sentido de seguridad lo aportan los valores definidos y jerarquizados, las prioridades claras, los propósitos claros, la definición correcta de un enunciado de visión y misión personal.

Cuando tenemos definiciones claras en cuanto a valores, misión, visión, prioridades, contamos con un sistema de dirección que nos permite decidir con seguridad, claridad y congruencia. Entonces, las decisiones se hacen fáciles.

3. Decisión guiada

Tiene que ver con la disponibilidad de consejeros, mentores, coaches, para apoyarse en ellos.

Hay un pasaje de la Biblia que sirve para ilustrar este aspecto. Proverbios 15:22:

Los pensamientos (planes) son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.

Según este pasaje los buenos consejos ayudan a tomar mejores decisiones. En este caso, el consejo viene para ampliar nuestra perspectiva de un asunto, lo que aumenta nuestro nivel de confianza y certidumbre para tomar decisiones.

Es entender que nadie tiene la verdad completa, ni la interpretación exacta de la realidad, por eso es útil contar con hábiles y sabios consejeros. El consultar con otros pone a nuestra disposición el conocimiento y la experiencia de otras personas autorizadas, expertas y sabias.

En este aspecto es importante clarificar y entender algunas cosas vitales:

  • No delegar o endosar en otros la responsabilidad de la decisión. La responsabilidad sigue siendo nuestra.
  • Evaluar bien a esos consejeros, para evitar recurrir a personas no idóneas.
  • Evitar tomar en forma irreflexiva el consejo recibido, sin evaluarlo y ponerlo en perspectiva. No buscamos una receta que aplicar, sino una perspectiva adicional a la nuestra para comparar.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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