Cómo se manifiesta la integridad 

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
18 agosto 2022

La integridad es el fundamento del carácter. Es el valor que hace posible los demás valores. Más que una virtud es una síntesis de virtudes, trabajando juntas para formar un todo coherente. Ser íntegro es una necesidad de vivir en armonía con lo que dicta nuestra propia conciencia.

La palabra integridad viene del latín integer que se traduce como intacto, entero, incólume, genuino, sano, puro, honesto, no contaminado. Integridad es el antónimo de la palabra corrupto, que hace referencia a la pérdida de aquello que hace a alguien completo, por tanto, que altera o trastoca la forma de esa persona, pervirtiéndola.

Por otra parte, la integridad no es una cualidad con la que uno nace, no es algo que tenemos por la naturaleza, sino un camino que se elige y en el que crece y construye. Es una condición y forma de ser y estar en el mundo que se desarrolla. Y tiene que ver con la capacidad de actuar de acuerdo a lo que somos, vale decir, según nuestros valores, personalidad, vocación, convicciones, conciencia, con honestidad emocional.

La integridad se elige y se construye con la consistencia, la congruencia, la responsabilidad, la fidelidad a unos valores, con la rectitud de comportamientos, con el enfoque por ser transparente, justo, honesto y veraz.

Hay dos significados de la palabra integridad a los que vale la pena referirse: ser completo (no dividido) y ser congruente.

Integridad: ser completo, no dividido

El término integridad alude a la cualidad de una persona que no carece de ninguna de sus partes, que actúa como un todo o totalidad coherente y unificada, no dividida. La palabra integridad sugiere la totalidad de la persona, una unidad indisoluble, cohesionada, que se desempeña de manera correcta.

Una persona con integridad, pues, no divide su lealtad (eso es duplicidad), ni finge ser de otra manera (eso es hipocresía), ni es una persona diferente dependiendo de las circunstancias (eso es inautenticidad). La gente con integridad es gente completa, no dividida, y siempre es la misma ante cualquier circunstancia, porque es fiel y consecuente a ella misma.

Lo íntegro es algo que tiene todas sus partes intactas o puras, y sin contacto o contaminación con un mal o un daño (sin corrupción), y que cumple su fin para lo que fue creado o para lo que su naturaleza determina como su razón de ser. La corrupción que es su contrario, es la descomposición de las cosas, la alteración de la esencia de algo. Corromper es alterar la forma, el contenido y la razón de ser.

Una persona es íntegra, por tanto, cuando es un todo integrado – completo, cuyo carácter no dividido se refleja en todas las áreas de su vida: moral, espiritual, intelectual, emocional, relacional y físico. Integridad es el acto de mantenerse incólume y sólido, una totalidad indivisible, sin fragmentación. Así, cuando uno está subdesarrollado en alguna de sus componentes esenciales, o le falta algunos de sus componentes esenciales, está falto de integridad. Una persona a la que le falta integridad vive en dicotomía, fragmentado, dividido.

La falta de integración, pues, de los componentes de lo que somos resta integridad. La integración de lo que somos en una totalidad es condición vital para construir integridad. Eso incluye en el ser: lo fisiológico, lo intelectual, lo emocional y lo espiritual. Y en el hacer, la integración de los diversos roles en nuestras vidas: padre /madre, hijo (a), profesional, trabajador o empresario, cónyuge, etc. La fragmentación trae pérdida de la integridad y, por consiguiente, disfuncionalidad.

Por eso podemos decir que nuestras fortalezas se pueden convertir en debilidades cuando se carece de algunas partes que quiebran el equilibrio. En este sentido, el equilibrio y la integración son fundamentales para andar con integridad.

Integridad lleva implícita, pues, la idea de estar unificado en su ser y hacer, y de mostrar consistencia interna; de funcionar como una totalidad, sin divisiones; por lo que una persona con integridad, es la misma persona en cualquier parte sin importar las circunstancias, hace lo que dice, y cumple las funciones cónsonas con su diseño. Es una adentro de sí misma y afuera cuando actúa. Esto se traduce en una forma de pensar, sentir y hacer integrada y congruente.

La pregunta es:

¿Somos uno o somos muchos?

Hay personas que son una en un contexto y otra en otros contextos, por ejemplo, es una en su casa y otra en el trabajo, manifestado una duplicidad y ambivalencia. O se comporta de una forma cuando lo están observando y de otra forma cuando nadie la está viendo. Pero la persona íntegra es «UNA» en todas las dimensiones de la vida, en cualquier lugar y circunstancia, porque no tiene necesidad de aparentar, fingir, o ser aprobada, sino que busca ser fiel a ella misma en cualquier circunstancia.

La persona íntegra ajusta su conducta a sus convicciones y valores y mantiene una correspondencia entre hechos y pensamiento en las más diversas circunstancias. Se trata de una actitud y una condición personal y permanente, y que, por tanto, se reproduce en los distintos ámbitos de la vida.

Integridad: ser coherente

Se dice que una persona es coherente cuando su actitud es consecuente con su postura mental y se observa correspondencia entre su forma de pensar, sentir y de actuar.

Lo opuesto al hombre íntegro, es el hombre ambiguo, voluble, inconstante, sin convicciones profundas, que le falta congruencia y consistencia. Pero la integridad implica congruencia entre pensamiento, emoción y voluntad, y esto se aplica tanto a lo que uno es, como a lo que uno hace. Una persona íntegra es una persona sin doblez en sus intenciones ni en su conducta.

Somos íntegros cuando nuestra conducta es consistente con las creencias y convicciones que expresamos. La integridad se traduce en la capacidad de mantener el compromiso consigo mismo: sus normas éticas, sus valores, sus emociones, su vocación, su personalidad.

La integridad está ligada a la adhesión y fidelidad a un código de valores

Ahora, no basta con ser leal a unos valores. La lealtad a uno mismo es una condición necesaria pero insuficiente si se es fiel a unos valores corruptos. Alguien podría ser coherentemente perverso, coherente con su maldad. Pero las personas verdaderamente íntegras tienen capacidad de compasión y empatía y no actúan en perjuicio de otras. Esto significa que, en la práctica, las personas íntegras no procurarán daño a los demás, ni buscan el propio beneficio a costa de infligir un perjuicio. Una persona íntegra evitará, por ejemplo, el engaño, el acoso laboral, el incumplimiento de contrato, la apropiación indebida, el tráfico de influencias, la prevaricación, el soborno, la extorsión, la mentira. Una persona íntegra rechazará estos modos de conducta.

La integridad personal debe estar vinculada a valores rectos, dignos y nobles. Para practicar la integridad se necesitan ambas cosas: valores rectos y congruencia con ellos. Pero también se requiere de la adecuada motivación. La integridad requiere buenos motivos que son los que dan lugar a las buenas actuaciones.  No basta con la corrección externa de la actuación, es necesario también que internamente el comportamiento esté motivado por las razones correctas, porque, al fin y al cabo, los motivos afectan las conductas.

La integridad requiere coherencia y adhesión con unos valores buenos. En ese sentido, las personas integras desean lo bueno porque es bueno y noble, y no solo porque es conveniente, pragmático, útil o placentero.

Pudiéramos sintetizar la integridad como el hábito de actuar con coherencia, siguiendo principios rectos y una motivación orientada a fines rectos. La integridad es, por tanto, el hábito de actuar con justicia y coherencia, siguiendo principios rectos y una motivación orientada a fines buenos.

La integridad es fidelidad a uno mismo, en alienación con los valores adoptados y comprometidos. Eso aporta coherencia interior, producto de la alineación y consistencia en los comportamientos con los valores personales.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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