Construyendo poder personal

mujer exitosa

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
4 septiembre 2022
  • ¿Qué trae a su mente la palabra poder?
  • ¿Siente usted fascinación por el poder?
  • ¿Le gusta experimentar el poder? ¿Goza usted de una posición de poder? Si es así, ¿el poder con que usted detenta, es porque se lo han conferido desde afuera (estructura jerárquica, organizativa o legal), o surge / emana de su vida interior?
  • ¿En el día a día elige usted vivir empoderado o desempoderado?

Una de las motivaciones más fuertes del ser humano es la búsqueda del poder. El poder ejerce fascinación en las personas. Su búsqueda está relacionada con el deseo y/o necesidad de controlar o transformar el entorno y las circunstancias que le rodean. Las personas, organizaciones y naciones luchan por el poder, porque se sienten atraídos por el prestigio, riqueza, estatus y reconocimiento que parecen derivar de él. A lo largo de la historia de la humanidad, lograr poder ha venido a significar sinónimo de éxito. El acumular y ejercer poder ha venido a ser también sinónimo autoridad, dominio y control. Visto de esta manera se trata de una necesidad permanente de estar en lo más alto, de tener relevancia, de ejercer dominio y control.

Pero, ¿qué es el poder?

La mayoría de las personas consideran el poder como un fenómeno interpersonal que involucra a dos o más sujetos. Uno que actúa como dominador y otro como dominado, uno que manda y otro que obedece. De esta forma lo asocian a una posición; y, consecuentemente, con la capacidad de controlar y dominar recursos o personas. Otros lo asocian con la facultad o potestad de imponer su voluntad sobre otros a pesar de las resistencias. En otras palabras, con la capacidad de hacer que alguien haga algo o deje de hacerlo.

Todas estas nociones de poder se enmarcan dentro del paradigma dominador – dominado, lo cual hace referencia a relaciones de poder basadas en estructuras legales, de gobierno y de clases dominantes: señor – siervo, jefe – subordinado, gobierno – nación, etc. Estas definiciones, gramaticalmente hablando, corresponden al poder como sustantivo, lo que puede significar varias cosas: el dominio, imperio, facultad o jurisdicción que tiene alguien para ordenar algo.

El poder tiene también connotaciones morales. Algunas personas asocian el poder con ambición desmedida, y piensan que el poder corrompe por ser intrínsecamente malo. Se habla de poder bueno y de poder malo.

Pero más allá de las consideraciones morales o filosóficas sobre el poder, éste no es ni bueno ni malo, ni positivo ni negativo por sí mismo. El poder es neutro. El cómo las personas lo usan es lo que establece la diferencia. Al respecto Blaine Lee sostiene: “El poder es el potencial para influir sobre los demás para bien o para mal y puede ser una bendición o un azote”. El poder puede ser, pues, constructivo o destructivo, según cómo se emplee y para los fines que se use; por eso el uso del poder conlleva una gran responsabilidad. El poder puede ser usado con sensibilidad y respeto por los demás, como un instrumento para la contribución, el servicio y el logro de fines compartidos, o para fines ególatras y utilitarios. En esto radica el ejercicio ético del poder.

Etimología de la palabra poder

Por otra parte, por su raíz latina que es potere, poder significa, en primera instancia, ser capaz o tener potencia. La primera definición que aparece en el diccionario de la de la lengua española es: «Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo». Esta definición asocia gramaticalmente el poder como un verbo, y designa el hecho de tener la facultad o la capacidad de hacer algo.

Yo quiero mostrar una acepción del poder que va por esa línea, que se asocia más con el poder como verbo, como algo propio de cada persona, independientemente del cargo que ocupe, o investidura que tenga.

A estas alturas deberíamos preguntarnos: ¿Es el poder un recurso que se nos otorga desde afuera o nace de adentro hacia afuera?

El poder es una capacidad intrapersonal

Yo veo el poder como una capacidad del individuo, y no como una fuerza o estatus que se le otorga desde afuera. Blaine Lee opina de similar manera:

”El proceso del poder se inicia en usted mismo”.

El poder proviene de las capacidades, de la visión, de la autoestima, del carácter de la persona. El tipo de poder que se manifiesta tiene que ver con el tipo de persona que se es. No es asunto de cargos, nombramientos y títulos. No es un asunto de metodologías y herramientas. El ejercicio del poder se centra en la personalidad y no en la técnica. Es mas un asunto de carácter y habilidad. El poder es profundamente personal. Tiene que ver con la singular capacidad de la persona para responder a los retos y desafíos de la realidad. En este sentido, el autor H.B. Karp define el poder como “una habilidad intrapersonal”.

“La capacidad para el poder es interna y no está sujeta a influencias externas”. Es un desarrollo personal.

Por supuesto, que hay factores externos que bloquean o apoyan e impulsan esta habilidad.

El poder es energía personal que se mueve hacia objetivos definidos

El poder es “la energía básica necesaria para iniciar y continuar una acción… la capacidad para traducir intención en realidad y continuarla”. El poder “es energía que se mueve hacia objetivos definidos”.

El poder se asocia mucho con la capacidad de enfoque.

Por ser, entonces, el poder una habilidad intrapersonal, uno no puede empoderar o desempoderar a otra persona. Lo que podemos es quitar los obstáculos de su camino, o crear las condiciones que estimulen a la persona, pero el verdadero empoderamiento es asunto de ellas. El poder reside en la elección consciente. Uno decide vivir empoderado o desempoderado. Dice H.B. Karp:

Uno no puede empoderar o desempoderar a otra persona, ni nadie puede empoderarlo o desempoderarlo a uno”.

El empoderamiento es una elección personal. Es una actitud de vida.

El poder no es un asunto estatus o posición. Es una habilidad que tiene que ver con la capacidad para movilizar la energía personal en función de los objetivos propuestos. Es una habilidad que se desarrolla y crece, o decrece cuando no se ejercita. Conforme la persona expresa su poder, crece su base interna de poder; crece su confianza en sus competencias y habilidades, se vuelve más seguro, más determinado y enfocado (más empoderado), y hace mayores progresos reales hacia la consecución de sus objetivos.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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