El perdón es una decisión que se construye

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
13 septiembre 2022

No se perdona por pensar que se debe perdonar o por pronunciar la palabra perdón; o por obligación, presión, deber o conveniencia. No es un asunto de trámite o formalismo. La decisión de perdonar es más compleja que pensar que “debo perdonar”, o sentir que “debo perdonar”, o decir “te perdono”. Muchas veces cuando se dice “te perdono”, en realidad lo que se está diciendo es “voy a trabajar en el perdón, por cuanto tengo la voluntad de perdonar”; pero el perdón no ocurre en forma automática ni instantánea, sino que implica un proceso hasta transformar la resolución en perdón efectivo.

“Así, el tiempo de la declaración no coincide con la totalidad del tiempo en el que debería instalarse el perdón como realidad, como estado del alma. A partir del tiempo del decir y del querer perdonar se abre más bien el tiempo de la promesa; esto es la conciencia de que ha se empezado a madurar en nosotros el evento que declaramos como perdón”.

Por otra parte, el perdón es una declaración que requiere ser renovada con frecuencia y perseverancia, hasta consolidarla.

Construyendo la capacidad de perdonar

Uno aprende a perdonar partiendo de la disposición e intención de perdonar. Aunque la voluntad de perdonar es necesaria, no es suficiente. El perdón es una habilidad que requiere aprendizaje; se requiere crecer y madurar en el cómo perdonar. Se precisa del dominio de los pasos para perdonar. Se puede tener la intención y la convicción de la necesidad de perdonar, pero a su vez no encontrar el camino para materializar esa resolución.

Aprender a perdonar transcurre, pues, a través de un proceso que requiere desarrollar la disciplina de perdonar, hasta que el perdón se convierta, como lo expresa el Dr. Dick Tibbits, en un rasgo del carácter: una disposición o rasgo estable de la personalidad, alineado con un valor de vida, lo que llamaríamos perdón disposicional. Esto comporta la gestión de las emociones, un cambio en el nivel de percepción y el desarrollo de nuevos paradigmas, hábitos, actitudes, competencias y habilidades que derivan en un estilo de vida.

Necesitamos, pues, construir el músculo del perdón en nuestra vida. Como lo expresa Jorge Bucay:

“…se perdona construyendo nuestra propia capacidad de perdonar (vale decir, fortaleciendo la autoestima, desarrollando madurez espiritual, emocional y cognitiva, etc.) …”.

Se requiere aprender a perdonar más allá de la intención y la voluntad expresa de perdonar. Al respecto comenta el Dr. Fred Luskin:

“Nuestras principales barreras para perdonar no son las ofensas, sino nuestra falta de herramientas para lograrlo”.

El perdón es una práctica, y como en cualquier práctica, se requiere desarrollar la habilidad de perdonar. Y el desarrollo de esta habilidad demanda disciplina, tiempo e intencionalidad.

El aspecto más crucial de este aprendizaje tiene que ver con la capacidad de soltar el resentimiento y los deseos de venganza, vale decir, superar las emociones negativas hacia el ofensor. Así como el cambio de actitud hacia la persona ofensora, lo que implica el desarrollo de la empatía. Este proceso conlleva la capacidad para abandonar la rumiación obsesiva en torno a la conducta perjudicial de la parte ofensora, que hace que nos mantengamos atados al dolor y el enojo.

Adoptando el perdón como un principio rector

Ahora, perdonar no se trata sólo de habilidad o competencia. Detrás de la decisión de perdonar, subyace una filosofía de vida; un valor y principio rector al cual la persona se alinea. En el caso de nuestra experiencia cristiana, una profunda convicción de que es la decisión más alineada al carácter y la voluntad de Dios.

¿Cómo está tu músculo del perdón?

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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