El zorro y el cuervo (fábula)

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
20 junio 2022

Cierto día, un feo y negro cuervo consiguió robar un apetitoso trozo de carne a unos pastores que estaban en el campo preparando la comida. En cuanto atrapó el delicioso manjar, voló rápidamente al árbol más seguro y se posó en una rama, desde la cual los demás cuervos podían verle bien ¡Qué orgulloso se sentía del botín que llevaba en su pico!

Un zorro que pasaba por allí vio al pájaro en lo alto y comenzó a relamerse pensando en lo rico que debía ser ese bocado. Decidido a hacerse con el botín, tramó un astuto plan para robárselo al pajarraco. Con sigilo, se acercó a los pies del árbol y comenzó a decirle las cosas más bonitas que se le ocurrieron.

– ¡Pero qué bello eres, amigo cuervo! – dijo el zorro en voz alta para que sus halagos se escucharan bien – He visto pájaros hermosos, pero ninguno como tú ¿Te has fijado cómo brillan tus plumas bajo la luz del sol? ¡Son de color azabache! Deberías dejarte ver más por aquí para que todos podamos admirarte.

El cuervo escuchaba atentamente y disfrutaba de los lindos piropos que le decía el zorro.

– ¡Vaya! – pensaba – Nunca me han dicho cosas tan bonitas ¡Qué zorro más simpático!

El zorro continuó con los halagos.

– Eres bello pero también he visto cómo vuelas. Nadie te gana en elegancia cuando surcas el cielo ¡Hasta el águila te tiene envidia!

El cuervo no podía sentirse mejor. Oír todas esas cosas le agradaba muchísimo y disfrutaba siendo el centro de atención. Los cuervos de alrededor no quitaban ojo a lo que estaba sucediendo y comenzaron a graznar. Sus potentes chillidos taparon el canto de los pajarillos que por allí andaban. Para el zorro, fue una oportunidad de oro.

– ¡Qué delicia escuchar a tus amigos los cuervos! – le dijo el muy ladino – Su voz es hermosa y potente ¡Es una pena que tú no sepas cantar como ellos!

El cuervo comenzó a ponerse nervioso. Con la carne aún en el pico, se moría de ganas de  demostrarle  al zorro que él también tenía una bella voz. Mientras, el zorro seguía con su discurso.

– En fin… Me da rabia que a pesar de tener ese cuerpo tan esbelto y  tanta gracia para volar, no sepas deleitarnos con una hermosa melodía – dijo el astuto zorro, fingiendo desilusión.

¡El cuervo  ya no pudo más! Estaba inflado de vanidad ¡No podía consentir que el zorro se fuera sin escucharle! Instintivamente, abrió el pico y estirándose como si fuera un auténtico ruiseñor, comenzó graznar lo más fuerte que pudo.  Sin darse cuenta, soltó el trozo de carne, que  fue a parar directamente a  la boca del zorro. Cuando se dio cuenta de su metedura de pata, ya era demasiado tarde: el zorro se zampaba su comida y todos los cuervos se partían de risa.

Satisfecho, el zorro  le dedicó unas palabras burlonas pero ciertas.

– ¡Ay, cuervo! ¡Eres presumido pero muy poco inteligente! Ser tan vanidoso sólo te traerá problemas. La próxima vez, no hagas caso de los que como yo, te dicen las cosas que quieres escuchar para conseguir algo.

Le dedicó un guiño y entre risitas se alejó, dejando al cuervo sonrojado por la vergüenza.

Moraleja: en la vida hay que tener cuidado con las personas que nos adulan y nos dicen demasiadas  cosas bonitas sin motivo, porque a lo mejor sólo pretenden engañarnos y conseguir algo de nosotros.

Adaptación de la fábula de Esopo

Lo derribó con la mucha suavidad de sus palabras, con la blandura de sus labios le persuadió. Proverbios 7:21

Enseñanzas de la fábula:

  • Quien te envanece y engríe de tu necedad se ríe.
  • La lisonja o alabanza exagerada, y generalmente interesada, es lo que hace una persona astuta para conseguir un favor o ganar tu voluntad, pero sin sentir verdaderamente lo que dice. Por lo general, se hace para satisfacer el amor propio o la vanidad de quien es lisonjeado, y por eso es perjudicial. Así que ten cuidado.
  • Con la lisonja se pretende ganar el favor o los beneficios materiales de otra persona, o crear en ella un sentimiento de obligación para con el adulador. A menudo la intención es poner una trampa a aquel que es objeto de la adulación. Por eso Proverbios 25:5 nos advierte: «El hombre que lisonjea a su prójimo, red tiende delante de sus pasos».
  • La falta de sinceridad, la mentira, la adulación y la glorificación de hombres con el fin de sacar partido de su vanidad termina siendo contraproducente para quien recibe la lisonja. Le envanece sin razón.
  • Aunque en un principio parezca ventajoso lisonjear, la Biblia señala que “el que censura a un hombre hallará después más favor que aquel que lisonjea con la lengua” (Proverbios 28:23). Pero «El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia Que el que lisonjea con la lengua» (Proverbios 26:24-28).
  • Porque no hay sinceridad en lo que dicen; destrucción son sus entrañas, sepulcro abierto es su garganta; con su lengua hablan lisonjas. Salmos 5:9
  • Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo. Proverbios 27:6
  • Si sabemos perfectamente quiénes somos y cuáles son nuestras habilidades, no caeremos en la trampa del lisonjero, hay que tener un concepto sensato de sí mismos, incluyendo nuestras debilidades.
  • Las afirmaciones del lisonjero son como una vasija de barro bañada en plata barata o de mala calidad. O sea, una apariencia de algo que vale, pero su esencia no.
  • La lisonja es una forma de manipulación para conseguir algo de otro, sin consideración real de esa persona. Puro interés.
  • La lisonja o adulación es un acto de egoísmo, manipulación, hipocresía y deslealtad con que engañamos a otra persona para nuestro beneficio, mientras que el elogio se trata de un reconocimiento de forma sincera de las cualidades y logros de otra persona, y una forma de expresarle nuestro aprecio y admiración.
  • La adulación generalmente es falsa y tiene una motivación egoísta, mientras que el elogio es sincero y desinteresado.
  • ¿En tus relaciones, estás adulando o estás elogiando?

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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