La integridad se traduce en integración de carácter

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
27 agosto 2022

¿Qué tan integrado en carácter estás? 
¿Estas creciendo en cada uno de los componentes de tu carácter? 
¿Eres consciente de algún componente no desarrollado de tu carácter que está afectando negativamente a todo el conjunto? 
¿Qué tan motivado y resuelto estás por crecer en esa área?

Puede sonar redundante, pero una persona íntegra funciona en forma integrada. Como una totalidad en balance, trabajando todas sus partes en forma engranada, como una totalidad integrada.

El carácter íntegro es, pues, integrado, no fragmentado. La integridad tiene que ver con el funcionamiento integrado y balanceado de todos los aspectos del carácter.

Por otra parte, la carencia, el subdesarrollo de uno de los aspectos del carácter, afecta el funcionamiento de todo el conjunto. Es como una mesa de cuatro patas, que tiene una pata que cojea, eso afectará el funcionamiento y equilibrio de toda la mesa. Imagínese una orquesta de músicos profesionales de conservatorio, cada uno tocando su instrumento con maestría y todos en forma acoplada. Pero si uno de esos instrumentos, sea el piano o el violín, por ejemplo, está desafinado, o lleva un ritmo diferente al resto, eso se notará en la ejecución final, que terminará siendo de mala calidad.

Se requiere, pues, de la consistencia interna del todo en su conjunto, de ser unificado, no fragmentado y firme en su construcción y constitución, para desempeñarse con funcionalidad y efectividad. Cuando se carece de ese equilibrio y balance se da lugar a la disfuncionalidad. Esto comporta la necesidad de crecer en forma balanceada en todas las áreas de nuestra vida y no sólo en unas.

La falta de integración de carácter empobrece el desempeño integral

Cuando carecemos, pues, de integración, nuestro desempeño integral se empobrece, si bien puede mantenerse fuerte en algún área específica.  En tal caso, podemos estar viviendo una compartimentalización, que es lo opuesto a la integración; lo que significa que una parte de nosotros puede estar operando sin contar con el beneficio de las otras partes, y eso a larga ocasiona muchos problemas. Por eso nos podemos encontrar, por ejemplo, con personas que son muy creativas, pero les falta organización y estructura para poder ser efectivas; o con personas muy proactivas, pero siendo muy impacientes e impulsivas para esperar a que las cosas maduren y los resultados lleguen; o con personas muy estudiosas y disciplinadas para generar conocimiento, pero con baja propensión para asumir riesgos al actuar. Y es que las fortalezas se convierten en debilidad cuando se carece de esa otra parte que permite el equilibrio y que opera en sinergia positiva. Aquí aplica el dicho que el todo es más que la sumatoria de las partes.

Las cosas terminan marchando mal a pesar de haber mucho talento en un área, cuando no hay equilibrio e integración del carácter, por falta de integridad. Y esa es la condición en que se instala la disfuncionalidad. De hecho, podemos tener un techo o límite en nuestro desempeño, no por carencia de talentos y habilidades, sino por falta de integración en el carácter.  Y puede que el talento nos lleve a un nivel y posición de éxito, donde luego el carácter no puede sostenernos.

Integración de carácter no es perfección, sino consistencia interna

Y no se trata de hacerlo todo bien o perfecto, porque nadie hace todo bien. Todo tenemos fortalezas y debilidades.

No se trata de ser una persona completa, en el sentido de hacerlo todo bien. Además, no tenemos talento para todo, sino sólo en algunas áreas. No somos talentosos en todos los campos. Y yo creo, además, que el desempeño efectivo radica en la capacidad de enfocarse en aquello que se hace bien, y para lo cual se cuenta con el talento y la habilidad, y en la capacidad de evitar nuestros puntos débiles. Ahora, aquí no estamos hablando de dones y talentos, sino de carácter.

Lo que quiero expresar es que el carácter no integrado, que la falta de integridad, puede terminar afectando negativamente aquellas cosas en las que tenemos el talento y la habilidad natural, y afectar negativamente aquellas cosas que hacemos bien, porque compromete nuestra estabilidad emocional, nuestra entereza, nuestra capacidad para dar respuesta a las demandas de la realidad.

Si carecemos de integración, por tener un componente del carácter subdesarrollado, o no disponible, o faltante, el todo no será óptimo, ni funcional. En términos de carácter cada dimensión coadyuva y apoya al desarrollo de las otras. Y cada dimensión que se descuida afecta el buen funcionamiento de las otras.

Henry Cloud le expresa elocuentemente de la siguiente manera: Si bien no necesitas todos los dones y talentos existentes, si necesitas contar con todos los aspectos de tu carácter para poner a funcionar bien tus dones y talentos.

Lo externo es causado por lo interno

Recordemos, que lo que se observa externamente como comportamientos, desempeño, etc. está influido por el grado de consistencia y unidad interna, porque lo externo es determinado por lo interno. Todas las formas externas o estructuras provienen de algún poder interno. Y el poder que es interno, precede a la forma, que es externa, y no al revés.

El desarrollo del carácter determina el grado de efectividad en el desempeño

Nuestras carencias de carácter afectan el desempeño de nuestras habilidades y nuestra capacidad para capitalizarlas. Sin integridad de carácter nuestros dones y talentos serán menos productivos y efectivos. Si careceremos de esa consistencia interna, careceremos de la fuerza interior necesaria para desarrollar y aplicar con efectividad las destrezas y habilidades que determinan el éxito, y terminaremos auto-saboteándonos. Es la integridad de carácter la que facilita y coadyuva a desatar y mantener el esfuerzo de la habilidad. Si el carácter es deficiente, terminará anulando u obstaculizando el ejercicio y el desarrollo de los talentos e inteligencia, fallando de esta manera en alcanzar todo nuestro potencial. El desarrollo y madurez de nuestro carácter es lo que determina si nuestra inteligencia, talentos, capacidades, energía, esfuerzo y habilidades terminan siendo usadas adecuadamente.

Necesitamos entender que es de nuestra integración de carácter que saldrá la fuerza impulsora, la entereza, el coraje, la firmeza de ánimo, la resiliencia, la capacidad de enfoque para cumplir cabalmente con nuestros roles.

¿Qué tan integrado en carácter estás? Recordemos que el grado integración tiene que ver con el grado de unidad, armonía y sinergia de los componentes del carácter funcionando como un todo integrado, no fragmentado, en integración.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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