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Las pequeñas decisiones construyen una vida

Nuestra vida es la historia de las decisiones que hemos tomado día tras día, desde la más pequeña e insignificante hasta la más transcendente y reveladora.

Elegimos continuamente en la vida. Algunas veces esas elecciones son trascendentales, como formar una familia, tener hijos, elegir carrera, trabajar en una empresa, o qué negocio o emprendimiento desarrollar. La mayoría de los días elegimos cosas menos trascendentales: qué ropa ponernos, en qué medio ir al trabajo, qué desayunar o cenar, pero no por eso dejan de tener importancia, pues la vida se va construyendo con la suma de muchas decisiones.

Las pequeñas decisiones, al igual que las grandes decisiones cuentan

No solo son importantes las grandes decisiones, sino también las pequeñas. La vida es un gran proceso. Y llegamos a un estado, lugar, posición, destino, como consecuencias de muchas pequeñas decisiones. Las pequeñas decisiones se acumulan y construyen una vida, para bien o para mal.

Una persona que cometió un gran fraude no fue que un día se levantó y planeo un gran robo, sino que comenzó sustrayendo cosas pequeñas. Un acto de infidelidad no ocurre como una acción puntual, sino que inicio con el ingenuo conqueteo con alguien… y luego la cosa fue escalando. Una persona, generalmente, no se queda en la quiebra un por evento en el que tomo un riesgo demasiado alto, y lo perdió todo de un solo golpe, sino que fue producto de malas inversiones, de gastar en forma dispendiosa en un horizonte de tiempo, etc. Una persona no se hace adicta a una droga por consumir una sola dosis, a lo mejor al principio sólo buscaba alivio a algunos dolores crónicos, y poco a poco se fue formando la adicción.

Pero en sentido positivo, ocurre lo mismo. Pequeñas decisiones encaminadas a una meta final es una buena forma de cumplir cualquier objetivo de vida. Una jornada de 10.000 kilómetros, comienza con primer pequeño paso. Pequeñas decisiones construyen una gran meta.

La pequeñas decisiones repetidas se convierten en un hábito

Necesitamos revisar esas pequeñas decisiones diarias que terminan por convertirse en hábitos. Porque la sumatoria de todas esas pequeñas elecciones que hacemos, dan forma a la persona en que nos convertimos. Acertadamente decía el filósofo Aristóteles: «Somos aquello que repetidamente hacemos”. Y la autora Joyce Meyer agrega: “Los hábitos son el carácter real”.

Los hábitos, buenos o malos, se forman por la repetición de actos y elecciones diarias. Y luego el conjunto de hábitos definen el carácter. Por eso cada acto y cada elección en nuestra vida es importante, porque contribuye a fortalecer o debilitar nuestros hábitos, o crear otros nuevos hábitos, vale decir, a darle forma a nuestro carácter.

Lo que somos se construye a través de lo que elegimos y hacemos cotidianamente.

Los actos y las pequeñas elecciones llevan a los hábitos; el conjunto de hábitos, dan forma al carácter; y éste facilita o dificulta la adquisición de nuevos hábitos y, por lo tanto, la realización de los actos relacionados con los mismos. Este proceso es un ciclo. Un viejo proverbio dice:

“Siembra un acto, cosecha un hábito; siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter, cosecha un destino”.

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