¿Qué factores ayudan a alcanzar nuestros objetivos de vida?

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
26 agosto 2022

Desde mi experiencia trabajando como coach y psicoterapeuta, y aun aportando mi propia experiencia, hay ciertos factores que contribuyen a la consecución de las metas, y cuya ausencia actúa como obstáculos en el logro de metas.

Podríamos mencionar muchos aspectos, pero me quedo con los cinco más relevantes, cuya ausencia, según he observado en coachees y pacientes con los que he trabajado, afecta en forma importante el logro de las metas.

1. Tener prioridades claramente definidas y comprometidas

Cuando no hay prioridades claramente definidas las decisiones se hacen difíciles, y viceversa. Por eso como decía Stephen Covey:

Poner primero lo primero constituye un acto esencial en la vida.  

Esto va más allá de establecer una herramienta de planificación y programación o lista de tareas con un orden y jerarquía, ya que definir prioridades no es algo estático, pues la vida es dinámica y cambiante. Definir prioridades es más un proceso. Por lo tanto, necesitamos criterios claros y firmes que nos permitan evaluar constantemente – en un horizonte amplio de tiempo – nuestra vida y nuestras circunstancias; que nos faciliten la toma de decisiones cuando los imprevistos, las contingencias, y los pedidos de otras personas nos interrumpan y nos quieran sacar del curso de acción, o aparezca un falso objetivo que amenace con distraernos de lo que realmente deberíamos. Ayuda a este proceso tener un propósito claro; asimismo contar con una visión, misión y un sistema de valores jerarquizados, además de metas específicas.

Cuando no somos capaces de definir y organizar nuestra vida con base a prioridades, corremos el riesgo de dispersarnos, desenfocarnos, y perder efectividad en lo que hacemos. Podemos, además, malgastar nuestro tiempo en atender urgencias; peor aún, desarrollar un desempeño orientado a apagar fuegos.

Necesitamos, entonces, desarrollar la disciplina de ordenar nuestras prioridades por orden de importancia, según nuestro propósito, visión, misión, valores y metas definidos, y, además, definir qué roles y áreas son los más importantes en nuestra vida, y luego alinear nuestro tiempo, recursos y energía, con esas prioridades, áreas y roles que hemos definido como relevantes e importantes.

Por otra parte, vivir por prioridades implica privilegiar lo importante por sobre lo urgente. Cuando lo importante no está claramente definido y asumido, es muy fácil ocuparse y entretenerse atendiendo urgencias y contingencias, y abandonar o poner en pausa las metas relevantes. Entonces, muchas cosas se hacen” urgentes” porque las privilegiamos. Pero cuando lo importante se hace prioritario, entonces, lo urgente puede ser adecuadamente gestionado: delegado, organizado y canalizado en el tiempo adecuado. Por otra parte, lo urgente suele ser algo para lo que no se hizo la adecuada planificación y previsión. Por cierto, planificar es una actividad importante.

2. Desarrollar metas claramente definidas con base a prioridades y un plan de acción para alcanzarlas 

Las metas funcionan como una estructura que aporta enfoque, en la medida que dichas metas representan las áreas prioritarias en la vida de una persona (familia, salud, trabajo, emprendimientos, finanzas, vida social, etc.), y los roles prioritarios (padre/ madre, cónyuge, hijo (a), trabajador, empresario, miembro de una comunidad, etc.)

Ahora, establecer metas es un ejercicio riguroso. Las metas no son propósitos vagos ni ambiguos. Una meta involucra el esfuerzo organizado y planificado de lo que quiere ser y alcanzar en la vida. Y mientras mejor definidas sean nuestras metas más probabilidades de éxito tendremos en alcanzarlas.

Mientras más específica y definida es la meta, mayor enfoque logramos y, en consecuencia, crecemos en empoderamiento y efectividad en su consecución. Es necesario, entonces, hacer las metas operativas, definiéndolas adecuadamente. Para tal fin proponemos el esquema

SMART: relevantes (importantes para la persona), específicas (detalladas), alcanzables (factibles), limitadas en el tiempo (fecha o período de cumplimiento) y medibles (mesurable: cantidad, calidad, etc.). 

Ayuda también al proceso el definir un plan de acción para las metas establecidas, lo cual supone especificar dónde, cuándo, cuánto, cómo, con quién. Esto equivale a establecer un cronograma de ejecución, con la identificación de recursos.

3. Cultivar y desarrollar la capacidad de enfoque

Cuando la persona logra generar enfoque en su vida, genera poder personal, vale decir, la capacidad de lograr objetivos y metas, y ese es un indicador del grado de liderazgo intrapersonal que la persona ha alcanzado. Pero en la práctica mucha gente tiene problemas para generar enfoque.

¿Cómo desarrollar enfoque, cómo mantener la atención y la concentración, y perseverar hasta lograr los objetivos?

Tenemos que educar y desarrollar nuestra capacidad de atención y concentración. Esto demanda el cultivo de hábitos de trabajo y una ética y disciplina laboral. Requiere también concentrar el esfuerzo en pocos objetivos a la vez, que es lo que llamamos esfuerzo concentrado.

No más de 2 o 3 metas a la vez. Una cosa a la vez.

Necesitamos reconocer que nuestros recursos (tiempo, dinero, atención, energía, etc.) son limitados, y que la única forma de optimarlos es concentrarlos en pocos objetivos a la vez. Si nos dispersamos en muchas actividades y objetivos al mismo tiempo, sólo podremos golpear esos objetivos en forma limitada. Un refrán popular dice que “el que asa varios conejos al mismo tiempo, alguno se le quemará”, y otro refrán dice que “el que mucho abarca poco aprieta”.

Por otra parte, desarrollar enfoque va a demandar saber a qué decir NO y qué cosas asumir como objetivos medulares. Desarrollar enfoque no sólo significa decidir en qué enfocarse, sino también ser capaz de decir NO a otras docenas de cosas, a fin de lograr concentrar la atención y el esfuerzo en pocos objetivos al mismo tiempo. Al respecto decía el cofundador de Apple, Steve Jobs:

“Mantenerse enfocado se trata de decir no’”.

Requiere también desarrollar disciplina y hábitos de trabajo, para evitar la divagación mental. Según los psicólogos Matthew A. Killingsworth y Daniel T. Gilbert, de la Universidad de Harvard, la mayoría de las personas emplea hasta el 46,9% de las horas de vigilia en pensamientos que nada tienen que ver con lo que están haciendo en esos momentos. La conclusión es que casi la mitad del tiempo vamos en “piloto automático”, dada nuestra tendencia a deambular a otro lugar que no sea el presente. Necesitamos, entonces, desarrollar una mentalidad fuerte en torno a las prioridades.

Ayuda a desarrollar enfoque el tener prioridades claramente definidas, y metas claras y específicas. El tener un foco claro y concreto facilita el tener enfoque.

4. Experimentar crecimiento personal y de carácter

Alcanzar nuestras más elevadas metas va a demandar una transformación personal, porque siendo la persona que somos en este momento no lo hará posible. Va a requerir cambiar hábitos, gestionar el tiempo en forma diferente, desarrollar nuevas habilidades y destrezas, adquirir nuevos conocimientos, cambiar y/o adoptar algunas actitudes, gestionarnos emocionalmente de forma diferente, fortalecer nuestra autoestima, etc. Ese es el mayor reto cuando se trata de alcanzar grandes metas: Experimentar la propia transformación camino a la meta.

Una gran meta siempre incluye, como requisito indispensable, la meta de la transformación personal, que redunde en un carácter más maduro, y que eleve el nivel de desempeño y nos coloque a la altura de la meta.

UNA GRAN META REQUIERE UNA GRAN TRANSFORMACIÓN PERSONAL

Al establecer grandes metas no sólo debemos definir la meta en términos correctos (meta SMART: específica, medible, alcanzable, relevante y temporal), sino que paralelamente necesitamos establecer metas de desempeño, que se traducen en metas de crecimiento personal (desarrollo de carácter), que faciliten cambios en la forma como nos gestionamos: hábitos, actitudes, forma de gestión emocional, valores, comportamientos, disciplina, conciencia personal, etc. Esto implica trabajar en crear nuevas habilidades, conocimientos, capacidades y hábitos, desarrollar entereza de carácter, fortalecer la autoestima, etc.

5. Cambiar la percepción de la realidad externa muy fuertemente influida por una realidad interna con carencias

La mayoría de los obstáculos externos percibidos como barreras para el logro de objetivos, tienen un componente interno importante que los refuerza, magnifica y los convierte en obstáculos difíciles de soslayar. Y a menudo la eliminación de las barreras internas disminuye los obstáculos externos o proporciones manejables.

Los mayores obstáculos para avanzar en el logro de objetivos de vida, no son los obstáculos externos, sino los obstáculos internos de las personas: la dificultad para gestionarse emocionalmente con efectividad en medio de retos y desafíos; las carencias de autoestima, que obstaculizan la confianza en las propias habilidades, recursos y destrezas, la forma de pensar con limitaciones.

Se requiere, pues, el trabajo interno para superar los propios temores, las inseguridades, la falta de resiliencia, la falta de confianza en las propias habilidades y talentos, la incapacidad para asumir riesgos, la incapacidad para hacer la transición psicológica cuando surgen los cambios en el entorno, la incapacidad para manejar la ambigüedad e incertidumbre propia de estos tiempos cambiantes, la dificultad para manejar el estrés, entre otros. Se requiere subir el nivel interno en términos de habilitación y desarrollo del carácter, recursos de afrontamiento, para afectar positivamente la percepción de los obstáculos externos.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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