Resiliencia: La vía para reemprender el camino de un desarrollo sano

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
12 octubre 2022

Entendiendo qué es la resiliencia

 “La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino”. Boris Cyrulnik

La resiliencia es una de las palabras de moda hoy en día. Mucha gente habla de ella.  Sin embargo, no siempre se usa con propiedad. Hoy en día es una etiqueta que se le pone a muchas cosas que no son resiliencia, drenando de esta forma su significado al usarlo con descuido y al vincularla a conceptos difusos o triviales. Tal vez la más tentadora de las explicaciones en concebirla como una cualidad o rasgo vinculada a una persona que presenta una especie de «inmunología psíquica», algo que es mi tentador de acuñar como definición; pero ésta es más una explicación del sentido común que de base científica, pero cada vez más la investigación la vincula la resiliencia a factores multidimensionales y que no están en el dominio exclusivo de la persona, como son el ambiente antes y después del trauma. Lo cierto es que el término ha sufrido un sobreabuso hasta el punto de banalizarlo. Pero eso no le quita mérito e importancia al tema de la resiliencia.

La resiliencia se puso de moda, junto con una creciente y engañosa oferta de cursos, master clases, etc. que prometen enseñar: “cómo aumentar la resiliencia”. Estos cursos prometen aumentar la resiliencia como si se tratara de un músculo al que podemos estimular para que crezca. Lamentablemente esto no es así.

Sin embargo, la definición de resiliencia es sencilla y está ampliamente aceptada. Es iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma; pero lo que resulta más difícil de descifrar y descubrir de ella, son las condiciones que permiten iniciar un nuevo desarrollo después del trauma, vale decir, la segurización, la recuperación, las relaciones y el contexto cultural necesario para que se dé la resiliencia.

¿Qué es la resiliencia?

La resiliencia es la capacidad de adaptarse a situaciones difíciles, como cuando el estrés, la adversidad o el trauma golpean, y superarlas. No significa regresar a un estado previo antes del trauma o herida, porque regresar a un estado previo equivale a curarse. En ese caso, podemos seguir experimentando ira, miedo, dolor, vergüenza o pena, pero podemos seguir funcionando, tanto a nivel físico como psicológico, y retomar nuestro camino de crecimiento.

La resiliencia implica retomar el camino correcto, aunque no es posible referirse a ese camino como un desarrollo “normal”, porque el trauma no se olvida. En línea con esa aseveración el neuropsiquiatra Boris Cyrulnik dice:

La herida sana, pero la cicatriz no es perfecta.

La resiliencia es pues, la capacidad de reemprender el camino de un desarrollo sano, el camino de un desarrollo renovado, tras haber experimentado un sufrimiento psíquico agudo o un trauma.

No es mera resistencia

Resiliencia no significa invulnerabilidad, ni impermeabilidad al estrés o al dolor, se trata más bien del poder de rebotar (bouncing back) y recuperarse después de experimentar duras adversidades y experiencias estresantes y traumáticas.

La resiliencia tampoco significa soportar algo difícil, ser estoico o atravesar la situación solo. “La resiliencia es más que resistir, es también aprender a vivir”. Más que la capacidad de aguantar, enfrentar y resistir maltratos, heridas, etc., la resiliencia es la capacidad de recuperar el camino del desarrollo. La resiliencia humana no se limita a resistir o sobrevivir; va más allá: permite la reconstrucción.

La resiliencia es, pues, la capacidad del ser humano de enfrentar y sobreponerse a situaciones adversas – situaciones de alto riesgo (pérdidas, daño recibido, pobreza extrema, maltrato, abusos, abandono, aislamiento, circunstancias excesivamente estresantes, etc.) y generar en el proceso un aprendizaje, e inclusive una transformación. Supone una alta capacidad de adaptación a las demandas estresantes del entorno. La resiliencia genera la flexibilidad para cambiar y reorganizar la vida, después de haber recibidos altos impactos negativos. No es sólo afrontamiento, sino también aprendizaje, crecimiento y transformación, que va más allá de la mera resistencia a las dificultades.

La definición que más me ha calado de todas las examinadas es la del médico psiquiatra Roberto Pereira:

“La resiliencia es un proceso dinámico, que tienen lugar a lo largo del tiempo, y se sustenta en la interacción existente entre la persona y el entorno, entre la familia y el medio social. Es el resultado de un equilibrio entre factores de riesgo, factores protectores y personalidad de cada individuo, funcionalidad y estructura familiar, y puede variar en con el transcurso del tiempo y con los cambios de contexto. Implica algo más que sobrevivir, más o menos indemne, al acontecimiento traumático, a las circunstancias adversas. Incluye la capacidad de ser transformado por ellas e incluso construir sobre ellas, dotándolas de sentido, y permitiendo no sólo continuar viviendo, sino tener éxito en algún aspecto vital y poder disfrutar de la vida. La resiliencia se construye en la relación”.

¿Cuál es la fórmula de la resiliencia?

No hay un patrón o fórmula fija para edificarla, como se pregona en mucha literatura, sino que cada persona va desarrollándola de acuerdo a sus necesidades, y atendiendo a sus diferencias culturales, en función del contexto donde le toca vivir. En este sentido, el contexto cultural juega un papel fundamental en cómo cada persona percibe y lidia con la adversidad y las experiencias estresantes con que la vida la confronta.

De modo que cada persona desarrolla sus propias estrategias para resiliar las experiencias traumáticas. De cualquier modo, depende de cómo se dé la interacción entre la persona y su entorno. Al respecto comenta Boris Cyrulnik:

“La resiliencia se teje: no hay que buscarla sólo en la interioridad de la persona ni en su entorno, sino entre los dos, porque anuda constantemente un proceso íntimo con el entorno social”.

En palabras del biólogo Maturana, es un “baile entre los dos”.

He leído muchas definiciones de resiliencia. Y de las que son acertadas, todas convergen e insisten en la resistencia a un trauma, a un suceso o a un estrés considerado grave, y a una evolución posterior, satisfactoria. Estas dos dimensiones son inseparables del concepto de la resiliencia.

Conclusiones sobre la resiliencia

Tenemos que tener en cuenta, además, que la resiliencia:

  • Nunca es absoluta, total, definitiva, lograda para siempre. No constituye un estado definitivo. Es una capacidad que resulta de un proceso dinámico, evolutivo.
  • Varía según las circunstancias, la naturaleza del trauma, el contexto y la etapa de la vida de la persona, y puede expresarse de modos muy diversos según la cultura. No se trata de un atributo estrictamente personal. Tiene como componente básico la dimensión comunitaria.
  • Es un proceso que se teje entre la persona y el entorno. Hace referencia a la interacción dinámica entre diversos factores. La resiliencia es un fenómeno multidimensional.
  • Puede ser promovida a lo largo del ciclo de la vida.
  • Está vinculada al desarrollo y crecimiento humano.
  • No se limita a describir el trauma, sino que tiene ver con los procesos de reconstrucción.
  • Considera a la persona como única en sus rasgos de personalidad y contexto. Cada persona la logra de una manera diferente, atendiendo a su contexto de vida antes del trauma y después del trauma.

La resiliencia se construye, pues, en el tiempo, en una historia de vida. No es un estado fijo, definitivo, acabado; es más un proceso, un camino que se cuenta como el relato de una vida. Por lo tanto, no hay un perfil de una persona resiliente. Hay que evaluar la historia de vida de la persona, lo que funciona alrededor de la persona y su entorno. Mientras mayores y mejores fueron las condiciones que rodearon la formación de la personalidad de un individuo antes del trauma, y mientras mayores y mejores sean las condiciones que rodean a la persona después del trauma, mayor probabilidad de desarrollar un proceso de resiliencia y recuperar el desarrollo tendrá la persona.

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2 Comentarios

  1. Elsa salinas

    Valioso aporte al crecimiento personal.

    Responder

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