Significando el dolor como medio para gestionarlo

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
12 septiembre 2022

Para poder salir fortalecido de una adversidad es necesario llevar a cabo una reflexión que le otorgue sentido al dolor que experimentamos.

Es imprescindible reflexionar y analizar lo que sucedió, comprender cuál fue nuestro papel en ello y extraer un aprendizaje.

Un aspecto relevante para aprender a manejar el dolor asociado a los problemas, es poder significarlo.

El dolor sin sentido duele más

El verdadero sufrimiento tiene que ver con la falta de sentido del dolor experimentado. Es la dificultad para significar el dolor, lo que lo agrava y lo convierte en sufrimiento. Muchas veces, el temor al dolor hace sufrir mucho más que el propio dolor. El sufrimiento, no es un dolor físico o moral, sino un dolor que condena a la pasividad, a la victimización, a la lamentación, donde no se puede hacer nada. En el fondo, es una situación de impotencia que pide serenidad de aceptación de lo que no se puede cambiar.

Darle sentido, pues, al dolor ayuda a entenderlo y superarlo. Sufrimos menos cuando aprendemos y hacemos algo con ese dolor. Cuando padecemos el dolor, conscientes de que puede ser un sacrificio por una causa, o lo vivimos pensando en otras personas, etc., el dolor se gestiona mejor. La forma con la que interpretamos el dolor juega un papel importante en cómo lo manejamos.

Cuando una persona no le encuentra sentido a un dolor inevitable, sufre y está desesperada. Al contrario, si la persona le encuentra un sentido a su dolor, sufre, pero no está desesperada. En la desesperación no hay un significado, ni sentido, se sufre más por esta razón. Cuando se le encuentra un sentido al dolor se sufre menos.

«Podríamos decir que todo sufrimiento innecesario es un dolor necesario no vivenciado, no sentido a plenitud, evitado; que luego se torna en frustración, depresión y en estados de angustia patológicos. Y sabemos que la característica fundamental del neurótico es la evitación de su propia responsabilidad, en este caso, la responsabilidad por su propio sufrir. Cuando el sufrimiento se evita (ya sea huyendo de él o luchando contra él) se petrifica  (cronifica) en la estructura de nuestro carácter, ya que paradójicamente, cuanto más evitamos algo más aparece». Steven C. Hayes

El dolor se afronta y supera trascendiéndolo

Para poder afrontar el dolor, debemos trascenderlo, vale decir, sufrir con sentido: por alguien, por una causa. De modo que el sufrimiento, para tener sentido, no puede ser un fin en sí mismo. Por el contrario, la disposición al sufrimiento, la disposición al sacrificio, puede degenerar en masoquismo. El sufrimiento sólo tiene sentido cuando se padece “por causa de”. Al aceptarlo, no sólo lo afrontamos, sino que a través del sufrimiento buscamos algo que no se identifica con él: trascendemos el sufrimiento. El sufrimiento dotado de sentido apunta siempre más allá de uno mismo. El sufrimiento dotado de sentido remite a una “causa” por la que padecemos.

Ahora, trascender el dolor no es un ejercicio sencillo, pero es necesario. Y, no hay una fórmula estándar aplicable a todos. Cada quien tiene que encontrar su propio camino.

El sentido de propósito: un arma para afrontar el dolor

¿Estamos dispuestos a trascender nuestro dolor?

Y este aspecto, la actitud que adoptamos frente al dolor, juega un papel vital. Si no podemos cambiar una situación que nos produce dolor, sí podemos elegir la actitud con la que afrontamos esa situación, y esa actitud estará ligada a un sentido, es decir, a un “para qué”. Si tenemos un para qué podremos enfrentar cualquier circunstancia.

¿Cuál es nuestra actitud ante los problemas y sus dolores asociados?

Al respecto, el sentido no es simplemente una meta, sino un camino que le da dirección y propósito a nuestra vida, por esa razón, el sentido del sufrimiento le da dirección y propósito al sufrimiento mismo, se trata de una genuina aceptación del dolor, lo que se ve reflejado en la actitud que tomamos ante el sufrimiento. De acuerdo con Víctor Frankl, un sobreviviente del holocausto judío durante la segunda guerra mundial y fundador de la Logoterapia, el sufrimiento deja de ser sufrimiento cuando se le encuentra un sentido.

¿Contamos con un sentido de propósito general en nuestra vida?

¿Podemos ver un propósito detrás de algunos de nuestros dolores?

Y aquí hay otra clave para enfrentar el dolor asociado a los problemas, el tener un sentido de propósito. Al respecto, dice Víctor Frankl, que muchos de los que sobrevivieron a la tragedia que se vivió en los campos de concentración nazi, no fueron los más fuertes, sino los que vislumbraban un propósito con sus vidas, o tenían algún familiar por el que vivir.

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

El trauma y el dolor son inevitables, pero el sufrimiento que sentimos después es opcional, y tiene que ver, por una parte, con cómo veníamos predispuestos de antes en términos de historia de vida, pero también con cómo lo enfrentamos. En esto, la afectividad es clave. Por eso, después de un trauma es muy importante poder luchar contra nuestra propia tendencia a aislarnos, victimizarnos. Aquí es clave el consejo de Víctor Frankl:

“Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

El sufrimiento tiene mucho que ver con la actitud con que la persona se enfrenta a una situación, con las respuestas que es capaz de dar, con su bagaje de recursos para gestionar las emociones caóticas que afloran, con la dimensión de temas pendientes y heridas emocionales que no ha sabido cerrar bien y su capacidad de resi­liencia ante la adversidad.

¿Estamos dispuestos a aceptar el dolor de las dificultades que atravesamos?

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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