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El proceso de la ansiedad opera como un ciclo en fases

La ansiedad se inicia con la percepción de una situación asumida como amenazante, que hace que se detone un pensamiento catastrófico o negativo (percepción de riesgo, peligro) en la forma de pensamientos anticipatorios. Estos pensamientos dan lugar a un tono emocional desagradable y abrumador.

Por otra parte, los estímulos se hacen más influyentes como disparadores de la ansiedad, como resultado de las causas profundas presentes en la persona (creencias, huellas por traumas vividos, situaciones abiertas, actitudes negativas, historia familiar, etc.) que hace que se perciba la situación como amenazante o desfavorable. Luego los pensamientos negativos tienen un impacto sobre nuestro cuerpo activando una especie de sistema de alarma (mecanismo defensivo).

Pero a su vez las sensaciones corporales y síntomas disparan nuevos pensamientos negativos (pensamientos y síntomas se retroalimentan continuamente). Eso hace que se pierda la conexión con nuestro aquí y ahora, desconectándonos de la realidad para vivir con anticipación, desde la fantasía; y también ocurre una desconexión de las emociones, lo que genera un conjunto de conductas repetitivas y desproporcionadas, alteradas y desadaptativas que representan conductas evitativas, en un intento de tratar de evitar los síntomas corporales y emocionales, pero en el fondo lo que generan es distracción. En este proceso las emociones no expresadas (miedo, tristeza, enojo, etc.) se transforman en ansiedad. Todos los procesos de ansiedad tienen un componente emocional de base (ver gráfico esquematizado).

Cuando nuestro sistema de alerta está precalentado

Y es como si nuestro sistema de alerta estuviera precalentado (hipersensible), y cada vez que surge una amenaza, ésta actúa como un disparador de la ansiedad, y el ciclo se repite, dando lugar a un ciclo vicioso que puede cronificarse y perpetuarse. Y lo peor es que este proceso escala en intensidad y frecuencia con cada ciclo que se repite, dada la vulnerabilidad ya instalada.

Cuando la ansiedad llega a esos niveles se convierte en un sistema de alarma que se alerta y amplifica por su propio ruido y sus propios efectos, volviéndose recursiva. Entonces las manifestaciones y síntomas de ansiedad son el peligro a vigilar, y esa misma hipervigilancia consiste en la alerta y el motivo detrás de la ansiedad.

Finalmente, los trastornos de ansiedad pueden hacerse crónicos y recurrentes si persisten los acontecimientos estresantes que los han provocado, o se mantienen estilos de pensamiento que ocasionan un temor a la presentación de los síntomas, creándose un círculo vicioso entre la ansiedad y el temor a presentarla.

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