Superando la ansiedad a través de la aceptación

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
25 abril 2022

La característica distintiva más común de los estados de ansiedad es la evitación vivencial, la renuencia a vivir situaciones estresantes o desagradables que de turno nos toque vivir. El ansioso tiende a evitar aquellas acciones o situaciones que cree le pueden producir o incrementar los síntomas de la ansiedad.

Pero resistirse o luchar contra la ansiedad, e intentar hacer que desaparezca, suele aumentarla. Los intentos por suprimir y eliminar los síntomas de la ansiedad, terminan por empeorarlos. Además, la evitación vivencial nos hace sumergirnos en una forma de vivir en la que lo único que tiene sentido es evitar el sufrimiento y la ansiedad, al punto de que esa motivación se convierte en la agenda principal en nuestra vida, aunque lo que se consigue es el mantenimiento y el aumento de la ansiedad. Así que, un paso importante para superar la ansiedad, es aprender a aceptarla.

¿Qué significa aceptar la ansiedad?

Que dejemos de luchar contra ella, de resistirnos a los síntomas y a las situaciones que nos causan ansiedad; que nos aliemos con ella. Una metáfora útil para entender qué significa la aceptación de la ansiedad, es verla en el marco de una relación de amistad. Para hacerse amigo de alguien hay que cultivar la relación, conectarnos con esa persona, manifestar apertura hacia ella. Así, para superar la ansiedad, hay que amigarse con ella: invertir tiempo para entenderla, conversar con ella y aprender de ella. La clave está en aceptar los pensamientos y emociones, aunque sean indeseables, sin luchar contra ellos, ni intentar evitarlos. Aceptar la ansiedad implica que realmente dejamos de resistirnos a ella, de verla como nuestra peor enemiga, para verla como una amiga.

¿Cómo aceptar la ansiedad?

La ansiedad es algo que está dentro de uno, por lo que para superarla hay que empezar por aceptarla como algo que forma parte de uno, y no como algo que hay que eliminar, lo cual no es posible ni conveniente. Lo que se requiere es aprender a vivir con ella como una parte de nuestra vida, aprendiendo a modularla en el proceso. Al luchar contra ella lo que logramos es que se rebele contra nosotros, produciendo más tensión interna y sufrimiento. Pero al aceptar la ansiedad, creamos el espacio para poder observarla, sentirla, fluir con ella, sin juzgarla, atacarla, desaprobarla; darle espacio y tiempo para aprender de ella.

Creencias erróneas que dificultan la aceptación de la ansiedad

En este proceso de aceptar la ansiedad, hay varias creencias erróneas que sostienen la resistencia a aceptar la ansiedad como algo natural y que forma parte de nuestra vida, que necesitamos revisar y cambiar. (1) Si la acepto eso equivale a que me estoy rindiendo o abdicando ante ella, (2) si no la combato va a escalar, a pesar de que es lo contrario; (3) si no la detengo me voy a enfermar gravemente; (4) si la dejo estar se va a quedar para siempre.

Por todas estas razones el proceso de aceptación de la ansiedad puede parecer, como primera impresión, absurdo para el que la está padeciendo, dado lo incómodo y desagradable de sus vivencias, de allí la tendencia natural a oponerse y evitar el malestar psicofisiológico que acompaña la ansiedad. Pero la paradoja es que:

Mientras más se evita la ansiedad, más se fortalece.

La ansiedad se eleva en proporción a cuánto uno trata de destruirla. Carl Jung lo expresó magistralmente:

“Lo que se resiste, persiste”.

Aceptar la ansiedad implica disposición a experienciar

La aceptación, pues, conlleva una disposición o actitud de mantener el contacto con las vivencias internas (pensamientos, emociones, etc.), o los acontecimientos que puedan originarlas, aunque sean desagradables e indeseables, adoptando en el camino una postura de apertura, reflexión, flexibilidad y deseos por crecer. Esa actitud de aceptación se resume en la oración de Reinhold Niebuhr:

Señor, concédeme serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia. 

Así, la aceptación se traduce en el desarrollo de una actitud realista ante la vida, que asume los problemas y retos como algo inevitable y de lo que no se tiene total control. Es aceptar que hay situaciones que no nos gustan, o que no tienen solución, o que no dependen de nosotros, o que no podemos controlar.

Desde esa perspectiva, la aceptación puede ser vista una actitud de vida que nos lleva a asumir la realidad tal como es, a permitir que la realidad sea tal cual es y se presenta (sentido de realidad), sin oponerse o resistirse a ella. Como lo dice Rafael Vidac:

“La aceptación es hacer las paces con la realidad”.

Cuando aceptamos la ansiedad, le quítanos fuerza

Cuando aprendemos a aceptar lo que nos ocurre, algo de nosotros deja de resistirse: de luchar contra la vida, contra uno mismo, contra nuestro cuerpo. Entonces, somos capaces de generar los cambios que necesitamos hacer, y nos habilitamos para gestionar constructivamente la ansiedad.  Cuando dejamos de resistirnos la ansiedad comienza a ceder.

Desarrollar una actitud de aceptación ante la vida implica una forma de ver y abordar la realidad diferente a la tendencia a negar, desconocer la realidad como una forma de anularla o eliminarla, lo que termina siendo ¡pura ilusión!

Por otra parte, al generar la disposición a vivir la situación que se presenta, sea deseada o no, agradable o desagradable, la aceptación conduce a vivir de una manera más completa, plena y significativa, entendiendo que todas las experiencias y circunstancias que la vida ofrece en su menú, tienen un sentido.

Lo opuesto a la aceptación es resistirse

Lo contrario a la aceptación es la queja, la resistencia, el renegar y no querer aceptar que algo está sucediendo en nuestra vida; el evitar lo desagradable, lo doloroso. Estas actitudes impulsan y/o refuerzan la ansiedad.

En el fondo, detrás del mantenimiento de la ansiedad, está la pretensión de que el dolor es injusto, innecesario y debe evitarse a toda costa y bajo cualquier medio. Subyace, además, la filosofía – cosmovisión de no sufrir o tener que estar “bien” como condición para que la vida tenga sentido al ser vivida; pero esta creencia no se corresponde a la realidad de la vida.

En sentido estricto, lo que impulsa la ansiedad no es experimentar sucesos y circunstancias desagradables, sino el modo inflexible como se reacciona ante ellos, la baja tolerancia al dolor; el no percibir propósito en las circunstancias y sucesos desagradables que nos acontecen. Como escribe Víctor Frankl:

“La vida nunca se torna insoportable por las circunstancias, sino por la falta de sentido y propósito”.  

En todo caso, el malestar psicológico es consustancial a la vida y es, generalmente, transitorio, por lo que la evitación experiencial es una actitud / conducta limitadora y autodestructiva. Eso es así porque al evitar la persona situaciones que le generan ansiedad y, como consecuencia, generar conductas evitativas, deja de vivir circunstancias, experiencias y contactos interpersonales que forman parte de la vida, y que son necesarios para generar bienestar y crecimiento.

La aceptación no es resignación, ni abdicación

Cuando nos resignamos, nos rendimos, asumimos una actitud pasiva ante la vida y dejamos de buscar opciones, pero no nos rendimos a la lucha interna. Además, adoptamos el papel de víctimas. Por el contrario, la aceptación es la rendición a la lucha, y el primer paso para pasar a la acción. La aceptación es un requisito para el cambio. Cuando aceptamos la ansiedad podemos observarla con más objetividad y calma, y podemos elegir el cambio que necesitamos hacer.

El dolor es diferente al sufrimiento

Por otra parte, en este proceso de superar la ansiedad a través de la aceptación, es importante comprender que dolor no es lo mismo que sufrimiento. No porque la ansiedad sea dolorosa debe incluir una dosis tan alta de sufrimiento. El dolor es natural, pero el sufrimiento tiene mucho de elaboración. De hecho, el dolor forma parte de la vida, lo queramos o no y, en cierto sentido, es inherente a la vida misma, y es inevitable. El dolor es genuino, natural, auténtico, legítimo y necesario para vivir, sobrevivir y seguir aprendiendo.

El sufrimiento, en cambio, es una elección, e incluso, a veces, es una posición de vida. Al respecto Buda dijo:

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.

Al aceptar la ansiedad vivimos el dolor tal y como es, con sus síntomas asociados; pero eso es diferente a sufrir. Más aun, el sufrimiento tiene su génesis en el proceso de evitar o querer quitar el dolor (ansiedad). Toda esa resistencia con la que se intenta luchar contra la ansiedad, termina por convertirse en sufrimiento. Una de las causas más frecuentes del sufrimiento humano es desear que las cosas sean distintas a como son en realidad; es negarnos a aceptar una parte de nuestra vida que no nos gusta; es no reconocer que la vida a veces es dolorosa e injusta.

A pesar de que, cuando aceptamos los sucesos desagradables de la vida que no podemos cambiar, el dolor no necesariamente desaparece, pero tampoco se intensifica, ni se le suman otras emociones y estados como la frustración, la impotencia, la desesperanza o la ansiedad, como formas de sufrimiento añadido. Y, además, la aceptación permite crear un estado más sosegado y calmo al enfrentar y sobrellevar el dolor. Es la resistencia al dolor lo que genera el sufrimiento.

La mejor manera de gestionar el dolor (la ansiedad) es su aceptación

Metiéndome en el dolor es que lo supero y emerjo de él.

Al aceptar el dolor que representa la ansiedad, la ansiedad comienza a diluirse, y el cuerpo comienza a relajarse, y la mente comienza a pensar más claro.

Esta filosofía de aceptación es la base sobre la que se construye el tratamiento utilizado por algunas escuelas de terapia como la terapia cognitivo – conductual, basada en la aceptación y el compromiso, que sostiene que la evitación experiencial es la raíz del mantenimiento de la ansiedad. Bajo este enfoque la estrategia está en la aceptación del malestar más que el énfasis en el problema o aspecto patológico propiamente dicho y su eliminación. La terapia de aceptación sostiene que tratar de controlar o evitar la ansiedad es un esfuerzo estéril. El control, la resistencia y la rigidez son actitudes internas que nos generan ansiedad, y cuando tenemos los síntomas de la ansiedad, si aplicamos esa misma receta, aumentamos el estado de ansiedad.

Aprendiendo a tolerar la vulnerabilidad

Finalmente, diremos que la renuencia a aceptar las situaciones desagradables y que no podemos cambiar ni controlar, se relaciona mucho con nuestra incomodidad para tolerar la vulnerabilidad. Y esa es una de las razones por la que nos cuesta tolerar la ansiedad, pues ésta es un estado en el que nos sentimos vulnerables, sin control, por eso queremos eliminarla rápidamente. Esa es también una de las razones por lo que nos desconectamos de las emociones desagradables: nos hacen sentir vulnerables, y a muchos no nos gusta esa vivencia. Sobre todo, si concebimos la vulnerabilidad como una debilidad o incapacidad, con la sensación de sentirnos desprotegidos, o percibir que podemos recibir un daño. Pero la vulnerabilidad no nos convierte en personas más débiles, sino más fuertes.

La vulnerabilidad es un poder, una fuerza que está en cada uno de nosotros, que no tiene como objeto mostrar nuestras debilidades, deficiencias, carencias o fallos, sino la capacidad de reconocer con coraje quiénes somos realmente (humildad y autenticidad), y qué necesitamos en un momento determinado de nuestra vida. Y eso en ningún modo nos hace más débiles, sino más fuertes y competentes para enfrentar los desafíos y adversidades de la vida.

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Para más información puedes consultar el libro CÓMO MANEJAR LA ANSIEDAD (DISPONIBLE EN AMAZON).

Ver enlaces con series acerca de la ansiedad:

¿Qué es la ansiedad?

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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