Autoliderazgo

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
2 junio 2022

El autoliderazgo es la práctica de influenciar consciente e intencionalmente sobre nuestros propios pensamientos, emociones y comportamientos para lograr nuestros objetivos de vida.

El liderazgo primero es interno y luego se expresa externamente

El primer paso para convertirse en un líder es empezar por uno mismo, poniéndose en el centro del liderazgo. Esto implica tener claras definiciones personales, tales como: quién soy, hacia dónde quiero ir, cuáles son mis habilidades principales, etc.

El liderazgo nace en la propia persona y termina en la propia persona; es un proceso intrínseco que se desarrolla en cada persona. En forma práctica se traduce en la habilidad para controlar-gestionar, regular y adaptar la conducta en ajuste al contexto y de acuerdo a las metas y valores asumidos.

El autoliderazgo es autodesarrollo

El autoliderazgo nos hace responsables de nuestro propio desarrollo.

El autoliderazgo se relaciona con la capacidad de construcción del propio desarrollo personal. Es una invitación a crecer como persona. Podemos definirlo como la capacidad de funcionar con la mejor versión de uno mismo. No podemos asociar el autoliderazgo simplemente con logros; sino como un factor de autorrealización y madurez personal. Pudiéramos también definirlo como la sumatoria de un conjunto de competencias que facilitan perfeccionar y dirigir la propia vida. Este proceso implica asumir la responsabilidad de hacerse cargo de sí mismo: de sus conductas, de su educación, de los cambios que se requieren para crecer y cambiar. Asimismo, conlleva un conocimiento profundo de uno mismo: autoconocimiento.

Por otra parte, desarrollar autoliderazgo es un proceso continuo y progresivo. Es como construir capacidad aeróbica: ésta se entrena y fortalece con la práctica.

El liderazgo es un proceso de transformación personal que nace en el líder mismo. Crecer en liderazgo personal requiere emprender un camino que demanda trabajar con la propia autoestima, definir y comprometerse con un conjunto de valores, madurar en la gestión emocional, desarrollar autoconocimiento, construir un conjunto de hábitos de efectividad alineados con un propósito de vida que se ha elegido, educar y moldear la mente con mapas y paradigmas bien metabolizados y contextualizados con la realidad en lo que se gestiona, empoderarse por sí mismo, lograr equilibrio personal y capacidad de aprender por sí mismo. En otras palabras, moldear y desarrollar un carácter maduro. El liderazgo interpersonal se logra posteriormente, cuando sobre la base de la experiencia y el crecimiento personal, se facilita el desarrollo, empoderamiento, la habilitación y la transformación de otros.

El desarrollo del autoliderazgo demanda autoconocimiento (capacidad de comprender valores, deseos, perspectivas y fortalezas / debilidades, etc.)

Desarrollar liderazgo personal implica conocerse a uno mismo lo mejor posible. Requiere también dominio de uno mismo: su emocionalidad, sus hábitos, sus mapas y paradigmas, su capacidad para disciplinarse, y esto no es posible sin autoconocimiento.

Ese proceso comienza por comprenderse mejor uno mismo (los puntos débiles y fuertes, valores, vocación, pasión, personalidad, emociones, etc.). Es la búsqueda por descubrir quién es uno mismo, para proyectar esa conciencia de quién se es hacia afuera en un proceso transformacional. Ese autoconocimiento es indispensable para el desarrollo efectivo de la capacidad de liderar, porque es esa claridad de conciencia, la que engendra la confianza para crecer y cambiar, la determinación, la convicción, el coraje y la energía para actuar, crear y transformarse, a la vez que transformar el entorno. No hay liderazgo sin conciencia de sí mismo.

Ahora, el autoconocimiento no puede replicarse en otra persona, no puede endosarse o traspasarse a otra persona. Cada persona necesita aprender a conocerse a sí mismo, y por sí mismo. Los libros y las instituciones educativas pueden aportar información, teorías, referencias, conceptos; pero la mayor parte del aprendizaje se hace mediante la experiencia misma.

El desarrollo del autoliderazgo demanda autoconfianza

Otro factor esencial para desarrollar liderazgo personal es la autoconfianza, que se traduce en la seguridad para apoyarse en uno mismo: en sus propias capacidades, competencias y acciones. El líder eficaz aprende a confiar en sí mismo (competencia personal). La autoconfianza supone autoconocimiento: consciencia de los recursos, talentos y habilidades, destrezas con las que se cuenta para gestionarse. Sin ese autoconocimiento es muy difícil que se dé la manifestación del potencial propio, y la confianza para desarrollarlo.

La integración de autoconocimiento y autoconfianza, se traduce en autoeficacia: la capacidad para organizar y ejecutar las tareas y actividades y los cursos de acción requeridos para el logro de las metas propuestas.

El desarrollo del autoliderazgo es un proceso contextualizado

Además, ese aprendizaje como líder no tiene una fórmula o receta estándar. No hay una fórmula fija, ni simple, ni una ciencia rigurosa, ni un recetario, ni un itinerario que inexorablemente conduzca al liderazgo exitoso. Por el contrario, es un proceso profundamente humano y personal, inédito para cada quien; lleno de ensayo y de error, triunfos y decepciones, oportunidades e inconveniencias. El proceso de desarrollo del liderazgo es muy personal y contextualizado; muy propio y particular de cada persona. Eso es así porque “cada líder es único por definición, lo que aprende y la forma en que lo utiliza para moldear el futuro es también exclusivo para él”. También cada persona es única en la forma cómo aprende más efectivamente, según sus talentos y personalidad.

El aprendizaje del liderazgo es un proceso muy individual y propio para cada quien. “El liderazgo personal no consiste en una sola experiencia. No empieza y termina con la redacción de un enunciado de la misión personal. Se trata más bien de un proceso que consiste en mantener en mente la propia visión y los propios valores, y en organizar la vida para que sea congruente con las cosas más importantes”.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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