Cómo escuchar en forma empática

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
18 noviembre 2021

“Conectarse con los demás en una forma que los haga sentirse comprendidos y valorados es la clave para la vida y es la base para conseguir confianza y lealtad….Para lograrlo hace falta esa clase de carácter orientado hacia los demás y que realiza conexiones proactivas con ellos de una manera que genera lazos”.  Henry Cloud

La palabra empatía viene de una palabra griega (empatheia) que traduce “sentir dentro”. Em (sentimiento) patheia (dentro). Es como estar en el sentir del otro. La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar de la otra persona. Se refiere a la capacidad para vivenciar como se siente la otra persona. Empatía es la disposición para ingresar en la experiencia del otro, logrando un entendimiento de sus emociones, como si fuera la otra persona.

Empatía es más que oír las palabras y asentir que se está escuchando al otro. No se trata de una técnica, es más un asunto de actitud y disposición. La empatía es una disposición del corazón, que busca conectarse con la otra persona. Pero la empatía requiere primero conexión y contacto consigo mismo.

La empatía supone la conciencia de las propias emociones y necesidades

Dice Daniel Goleman: “La empatía se construye sobre la conciencia de uno mismo”. Si la persona no es capaz de concienciar sus propias emociones, y está abierta a reconocerlas y aceptarlas como propias y legítimas, es muy difícil reconocerlas y aceptarlas en el otro, y mucho menos ingresar – conectarse – en la experiencia de la otra persona. Dice Henry Cloud:” Las personas que no se conectan con sus propios sentimientos están limitadas en su capacidad de sentir empatía hacia los demás”.  

Por otra parte, la empatía requiere que las personas tengan límites claramente definidos, para evitar caer en la confluencia y confusión con el otro. Esto significa que cuando percibes lo que alguien está sintiendo, te das cuenta también que es su experiencia y no la tuya. Empatía no implica perderse y desdibujarse en el otro. Si no somos capaces de permanecer diferenciados de la experiencia del otro (a), introduciremos confusión en la relación.

La empatía demanda escuchar en forma completa

Escuchar empáticamente, en el contexto interrelacional, implica escuchar en forma completa, lo que demanda:

  • Escuchar el lenguaje corporal (oír con los ojos). Oír no sólo las palabras, sino también escuchar el lenguaje no verbal – percibir el tono y el ritmo de la voz; así como los gestos del cuerpo, el brillo de la mirada, etcétera. Captar la carga emotiva del cónyuge que se expresa a través del lenguaje corporal.
  • Captar las emociones que subyacen detrás de las palabras del otro (a), sensibilizándonos para escuchar no solo con la mente, sino también con el corazón, para así entender y aceptar al cónyuge en el total entendimiento de su realidad (ponernos, figuradamente, en los zapatos de la otra persona). Empatía supone respetar las emociones del otro (a) y aceptarlas como válidas.
  • Escuchar sin juzgar al otro (a), haciendo a un lado las evaluaciones, suspendiendo todo juicio valorativo, y evitando que nuestros prejuicios nos conviertan en un juez. Esta disposición a escuchar de esta manera, produce apertura en el otro (a) para exponer más confiada y francamente sus opiniones y emociones, sin temor a ser criticados, evaluados o censurados. Esto crea mayor intimidad en las relaciones interpersonales y permite comunicarnos a un nivel más profundo y edificante con nuestro interlocutor.
  • Escuchar buscando comprender antes que buscar ser comprendido. Esto supone enfocarse en el otro (a) y no en nosotros mismos. Necesitamos cambiar el foco de atención, de nosotros mismos hacia nuestro interlocutor, enfocándonos no en nuestras emociones y experiencias, sino en lo que él o ella habla y en sus emociones, percepciones, necesidades y limitaciones. Ponerse en los zapatos del otro (a). Una expresión más grafica es ponerse en la piel del otro, y más específicamente, en lo que ocurre de su piel hacia adentro.

Empatía no es ceder ante las demandas del otro

Sentir empatía no significa que le estamos otorgando la razón a nuestro interlocutor, ni que tenemos que ceder ante sus demandas. Tampoco nos pone en desventaja o compromete a aceptar la posición del otro (a). “Sentir empatía y validar lo que él o ella experimentan no significa que uno siempre concuerde o siquiera piense que el otro (a) tiene la razón. Sólo significa que consideras que sea válido que esa sea en realidad su experiencia, y confías en esa persona y la demuestras que comprendes lo que piensa y siente”.

La empatía está más relacionada con la disposición a reconocer al otro; a legitimar su experiencia como ser humano, independientemente de la conformidad que se tenga con sus opiniones, percepciones y emociones. Empatizar no es estar de acuerdo con el otro; es más bien reconocerlo y comprenderlo en su contexto y su propio marco de entendimiento.

La empatía implica aceptación del otro

La aceptación del otro (a) es fundamental para poder crear empatía, lo cual no significa que te guste todo lo que hace tu cónyuge, sino más bien que reconoces que no puedes cambiar al otro (a); sólo te puedes cambiar a ti mismo. Cuando comenzamos a dejar de intentar cambiar al otro (a) y avanzamos en su aceptación, lo cual no es una tarea fácil; entonces podemos destinar toda esa energía que no redituaba resultados, en tratar de comprender al otro.

Cuando cada interlocutor acepta esa premisa: “No puedo cambiar al otro, sólo me puedo cambiarme a mí mismo (a)”, entonces su energía (atención, foco, tiempo, esfuerzo, etc.) puede ser utilizada en forma más efectiva. Por una parte, centrándose en cambiar sus propios mapas / paradigmas, actitudes y conductas y, por la otra, enfocándose en comprender al otro (a).

En la medida que cada interlocutor logra un mejor entendimiento de sí mismo: aprendizajes, modelos de crianza, creencias y valores, también tendrá la posibilidad de apreciar al otro desde otra perspectiva. Sobre esa base podrá aceptar mejor al otro, y desarrollar la empatía necesaria para apreciarla desde el marco de referencia del otro (a).

La aceptación es el regalo más preciado que puede hacerle a una persona, pues eso la deja en libertad de ser él o ella misma. La aceptación precede a los cambios. La mejor motivación para cambiar es el respeto que percibe cada persona del acto de ser aceptado. Cuando las personas se sienten aceptadas son más propensas a llegar acuerdos, negociar y buscar soluciones de mutuo beneficio. Pero la empatía tiene algunos enemigos que las personas necesitan combatir.

Enemigos de la empatía en la relaciones:

Si empatía es sentir como el otro siente y reconocer al otro en su experiencia, lo contrario a empatía, según Henry Cloud, es la indiferencia y la invalidación. Estas dos actitudes constituyen verdaderos asesinos de la relación.

Combatiendo la indiferencia en las relaciones

La indiferencia puede ser aún más destructiva que la agresión y la confrontación. Cuando somos indiferentes el mensaje que comunicamos es: “no eres importante para mí”, o “no mereces que me tome el tiempo y la molestia ni siquiera para pelear contigo”.

La indiferencia no es una actitud pasiva; no consiste únicamente en dejar de realizar una acción, sino en evitar la acción con miras a generar un impacto negativo en el otro (a). En ocasiones se requiere de mucha beligerancia e intencionalidad para ser indiferente. La indiferencia es “un silencio que hace mucho ruido”, tal vez en otra frecuencia, pero más perturbador aún, porque crea mucha incertidumbre, angustia, ansiedad y ambigüedad en la relación.

Se puede agredir al otro (a) sin necesidad de gritar o expresar palabras. Ignorar al otro (a) es una forma de agresión muy sofisticada y efectiva. La indiferencia es una forma de agresión silenciosa capaz de herir profundamente y minar la autoestima del otro (a). Podemos dañar más a nuestro interlocutor por omisión (falta de expresión de afecto, ausencia de compañerismo, etc.) que por comisión. 

Si como personas no disponemos en nuestro corazón de la intención de conocer y comprender al otro, entonces es difícil conectarse (empatizar) con él (ella). Generar una conversación desde la posición de un escucha empático, requiere hacer una inversión de tiempo, recursos, atención y enfoque para depositar en su cuenta emocional -, aun antes de tener la conversación. Nuestro interlocutor necesita sentir que es valiosa e importante para nosotros. Cuando el otro (a) reconoce y experimenta ese depósito emocional, entonces se crea en él o ella, la apertura para conectarse – expresarse y compartir – su experiencia y emocionalidad.

Necesitamos desarrollar una sana curiosidad por saber y conocer acerca de nuestro interlocutor. Necesitamos concedernos el tiempo para explorar en la intimidad del otro (a) y con el otro (a). Dice Henry Cloud:”La indiferencia es cuando no acortamos distancia ni nos involucramos en el mundo del otro con la curiosidad y el deseo de conocerlo, comprenderlo, estar “con” él, hacerse presente y terminar por ocuparse de él”.

Exiliando la invalidación en las relaciones

La invalidación es otro de los asesinos de la relación. La invalidación se produce cuando negamos o desconocemos la experiencia del otro (a).  Se puede decir que la invalidación es el opuesto de la empatía.

Cuando no reconocemos ni respetamos la experiencia y emocionalidad del otro como válida y legítima, rompemos la posibilidad de conectarnos con él o ella. Creamos, entonces, en la relación abismos difíciles de cruzar.

La invalidación se expresa a través del juicio crítico, la evaluación o la descalificación. Cuando invalidamos al otro, minamos su autoestima, al negarle los méritos y derechos que tiene a pensar y sentir diferente a nosotros. La invalidación es muchas veces consecuencia de querer controlar la relación y permanecer como quien tiene el poder.

Algunas veces la invalidación no es más que una proyección de nuestras carencias; algo que tenemos alienado dentro de nosotros, ante el cual somos hipersensibles; algo que no reconocemos en nosotros mismos, menos en nuestro cónyuge. A menudo nuestro cónyuge, no es más que un espejo que refleja la imagen de lo que no identificamos (alienamos) de nuestro carácter.

Beneficios de la empatía en las relaciones

Concluiremos diciendo que actuar con empatía reporta ganancias importantes para las relaciones, tanto para el que actúa como escucha empática como para el que se expresa. Cuando actuamos con empatía terminamos ampliando nuestra realidad, al permitirnos conocer el punto de vista del otro, y conocerle más profundamente. Por otra parte, cuando nuestro interlocutor se siente escuchado y comprendido, se permite explorase y contactarse con su emocionalidad y su vivencia.

La empatía fortalece los lazos de confianza entre las personas, al permitir una interacción personal en un nivel de más intimidad, seguridad y comprensión. La empatía es la llave hacia la intimidad en las relaciones.

En general confiamos en las personas que se toman el tiempo para escucharnos, que respetan nuestras emociones y opiniones, aun cuando no estén de acuerdo con nosotros, que logran identificarse con nuestra realidad y experiencia tan bien como con la suya, y que son capaces de mostrarnos sensibilidad y compasión, en medio de nuestras circunstancias de vida. Si las personas logran una conexión a ese nivel, entonces la relación crecerá y se fortalecerá.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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