El efecto esponja en el proceso educativo

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
13 diciembre 2020

“No sólo deberíamos desparramar información y conocimiento en una persona, deberíamos también asegurarnos que entendemos y sabemos cómo aplicar prácticamente aquello que enseñamos. La educación no se ha dado hasta que los estudiantes empiezan a mostrar los resultados en la vida cotidiana”. Por eso el proceso de educación necesita estar vinculado al contexto donde se producen los resultados« Stephen K. McDowell

Con frecuencia en el proceso educativo creamos el efecto esponja. Pruebe remojar una esponja en un recipiente lleno de agua, ¿qué ocurre al hacerlo? La esponja se llena (infla) de agua, pero ¿qué sucede al exprimir la esponja? Vuelve a quedar seca.

Así sucede muchas veces con los estudiantes / participantes en los colegios, universidades, centros de formación y aun las propias empresas, los llenamos (sumergimos) de información, convirtiéndolos en coleccionistas de datos, sin asegurarnos que entienden y saben cómo aplicar aquello que le enseñamos, y al poco tiempo esa información es borrada de su mente, ya que el énfasis está en la exigencia pasiva de memorizar contenidos con miras a ser evaluados.

El aprendizaje se experimenta como un proceso de transformación personal

 Aprender no consiste en acceder a la información. No se trata de tener datos, sino de ser (convertirse en una persona mejor y más completa). El aprendizaje debe concebirse como un proceso de transformación personal. El aprendizaje real se traduce en un crecimiento personal. Una manera diferente de conocerse, autorregularse y desempeñarse. Implica un enriquecimiento de los contenidos psicológicos: motivos, actitudes, mapas y paradigmas, valores, normas, intereses, etc.

Si el conocimiento e información no produce un cambio en nuestra manera de pensar (cambio incluso de paradigmas); en la forma de gestionar nuestras emociones, actitudes, motivaciones; si no afecta nuestras destrezas y habilidades para el trabajo productivo; si no nos hace productores de conocimiento; si no afecta nuestro carácter empresarial; si no nos hacemos capaces para aplicar el conocimiento a muchas áreas nuevas, entonces no hemos aprendido.

No hay mérito en acumular conocimiento como posesiones. El esfuerzo dirigido a adquirir conocimiento, si éste no se expresa en acciones específicas, tendentes a cambiar, moldear e influenciar la realidad circundante, es esfuerzo estéril. La información que no se utiliza no es un factor de éxito. Conocimiento sin aplicación es vana erudición (Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar).

Enseñar + Aprender = Educación

Finalmente, resulta útil distinguir enseñanza de aprendizaje. La capacitación efectiva apunta no sólo a resolver la falta de habilidad y destreza en un área específica. Eso reduce la educación al proceso de enseñanza. Enseñar es el proceso de impartir instrucciones y conocimientos con miras a ayudar a otros a desarrollar habilidades y capacidades; lo que equivale a la tarea de vaciar conocimientos e información para tratar de incorporarlo al interior de las personas. A este proceso lo llamamos vaciado de conocimientos. Esta estrategia pone la mirada en el entorno de trabajo externo, en las competencias requeridas por el puesto de trabajo, o en algún tipo de estándar o norma externa de actuación.

Mientras que el aprendizaje está relacionado con lo que está sucediendo en el interior de la persona (mapas, emociones, necesidades, obstáculos internos, etc.); y apunta más al proceso de desarrollo y expresión de las fuerzas internas (talentos, potencialidades, motivación). Llamamos a este proceso sacado de conocimientos. El aprendizaje apunta al proceso de alumbramiento propio. La verdadera educación es el proceso de autoaprendizaje; enseñanza es lo que otro determina que necesitamos aprender, entrenamiento es lo que los demás nos dicen qué hacer.

#educación #aprendizaje

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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