Qué es la integridad. Cómo afecta mi desempeño

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
30 julio 2020

Cualquiera puede decir que tiene integridad, pero la acción es el indicador real del carácter. John Maxwell

Hoy en día nos encontramos con un individuo que se comporta como un autómata, que no se conoce ni se comprende a sí mismo, y que la única persona que conoce es la que se supone que es él, cuya verborrea sin sentido ha reemplazado al lenguaje comunicativo, cuya sonrisa sintética ha reemplazado la risa auténtica, y cuya sensación de oscura desesperación ha ocupado el lugar del dolor auténtico. Dos cosas pueden decirse respecto de este individuo. Una es que padece carencias de espontaneidad e individualidad que pueden considerarse incurables. Al mismo tiempo, puede decirse de él que no es esencialmente distinto del resto de nosotros que caminamos sobre la tierra. Erich Fromm

La palabras dicha por Erich Fromm recogen el dilema de una persona que carece de integridad, vale decir, congruencia consigo mismo, pues vive una fachada  en la que no hay nada auténtico en ella. Una persona que carece de integridad básica es una persona fragmentada, dividida.

Qué es integridad

La integridad es un componente esencial de nuestro carácter: el corazón de nuestro carácter.

El diccionario The American Heritage Dictionary define la integridad como una firme adhesión a un estricto código moral o ético; el estado de mantenerse incólume; solidez o la cualidad o condición de ser íntegro o no dividido; totalidad.

Integridad procede de la palabra latina integer, que significa entero o completo, incorruptible, rectitud moral, honestidad. Da la idea de una entidad que está completa, que posee todas sus partes intactas y que se desempeña de manera correcta. Una persona con integridad no divide su lealtad (eso es duplicidad), ni finge ser de otra manera (eso es hipocresía). La gente con integridad es gente completa, no dividida.

Hay dos acepciones importantes en relación con la integridad: ser coherente y ser completo (no dividido).

Ser coherente

Lo opuesto al hombre íntegro, es el hombre ambiguo, voluble, sin convicciones profundas, al cual la Biblia define como “el hombre de doble ánimo”, quien “es inconstante en todos sus caminos”, y le falta congruencia.

Integridad describe, además, a una persona sin hipocresía ni doblez. Significa congruencia entre pensamiento, emoción y voluntad. Se aplica tanto a lo que uno es, como lo que uno hace. Somos íntegros cuando nuestra conducta es consistente con las convicciones que expresamos. La integridad está ligada a la adhesión y fidelidad a un código de valores.

Ahora, no basta con ser leal a unos valores. La lealtad a uno mismo es una condición necesaria pero insuficiente si se es fiel a unos valores corruptos. La coherencia personal debe estar vinculada a valores rectos, dignos y nobles. Para practicar la integridad se necesitan ambas cosas: valores rectos y congruencia con ellos.

Otro elemento ligado a la coherencia como aspecto de la integridad, es la adecuada motivación. La integridad requiere buenos motivos que son los que dan lugar a las buenas actuaciones.  No basta con la corrección externa de la actuación, es necesario también que internamente el comportamiento esté motivado por razones correctas.

Pudiéramos resumir la integridad como el hábito de actuar con coherencia, siguiendo principios rectos y una motivación orientada a fines rectos. La integridad se puede resumir sencillamente como hacer lo correcto por la razón correcta.

Ser completo (no dividido) – una totalidad

Una persona es integra cuando es un todo integrado – completo, cuyo carácter no dividido se refleja en todas las áreas de su vida: moral, espiritual, intelectual, emocional y física. Integridad es el acto de mantenerse incólume y sólido, una totalidad indivisible, sin fragmentación; la cualidad de ser no dividido.

Lleva implícita la idea de estar unificado en su ser y hacer, y de mostrar consistencia interna; de funcionar como una totalidad, sin divisiones, por lo que una persona con integridad, es la misma persona en cualquier parte sin importar las circunstancias; y cumple las funciones cónsonas con su diseño.

Integridad supone integralidad

Actuar con consistencia en todas las dimensiones de ser y el hacer. Implica funcionar en balance en el ejercicio de los diversos roles que competen a una persona. Fragmentar el conjunto nos hace perder integridad. Cuando no hay equilibrio porque no se funciona integralmente como una totalidad, la vida se vuelve disfuncional.

La persona funcional es aquella que tiene integridad básica, por lo que es capaz de lograr que todo lo que es (sentimientos, pensamientos) y todo lo que hace (roles) funcione como una totalidad en equilibrio. Asimismo, la disfuncionalidad es la incapacidad de lograr que todo lo sé es y hace funcione como una totalidad en balance.

Un hombre íntegro es aquel que es todo lo que debe ser. No falta nada de lo que constituye una persona recta y de confianza.

Desarrollando integridad

La integridad no es innata, no es algo que tenemos por la naturaleza. Es un atributo que tenemos que aprender y desarrollar. La integridad es una virtud que llegamos a tener por comprometernos con determinados valores. Es como una promesa que hacemos a nosotros mismos de conducirnos con rectitud, honestidad y fidelidad, según nuestras convicciones.

Lamentablemente vivimos en un mundo de concesiones, que se mueve más por motivaciones utilitarias que por principios, que ha abandonado los parámetros morales y éticos a cambio de la conveniencia o el pragmatismo. Nuestra sociedad actual es una sociedad acomodaticia. En este contexto los valores son relativos, situacionales, yo diría demasiado elásticos en su aplicación. Hoy en día se pregona con mucha fuerza que “el fin justifica los medios”, al fin y al cabo, lo importante son los resultados, pero esa noción lleva inevitablemente a comprometer la conciencia, las convicciones y nuestros valores más fundamentales.

La integridad como valor fundamental no puede ser negociable. A largo plazo, el transigir por conveniencia o pasividad, destruye nuestra autoestima y castra la expresión  autentica de nuestra personalidad.

Las personas  íntegras son fieles a sí mismos, son consistentes consigo mismas. No asumen estereotipos. Son auténticos. Viven por convicciones y valores. Se desempeñan con transparencia. No se transan ni sacrifican sus creencias, en un altar, por conveniencia.

Impacto de la integridad en nuestro modo de hacer

Si integridad carecemos de congruencia y de solidez, y sin éstas carecemos de  verdadera convicción, estabilidad, autenticidad y fortaleza de carácter;  también carecemos de balance en la vida. Y en materia de liderazgo la falta de integridad limita nuestra confiabilidad y solvencia para influir y liderar.

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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