El coaching es la disciplina de creer en las personas

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
22 abril 2020

El coaching se basa en un conjunto de principios que son el marco de referencia y actuación para el coach, en su rol de catalizador de la  transformación.

Los tres principios esenciales son: creer en la persona, el cambio ocurre desde adentro, los líderes toman responsabilidad.

Creer en la persona

Una norma esencial para establecer una relación de coaching es creer en la persona: en su potencial como ser humano, en sus competencias y habilidades para resolver y encontrar sus propias respuestas, en su habilidad y juicios para tomar decisiones acertadas, y en su capacidad para cambiar.

El coach cree en el valor infinito de la persona

Para el coach el cliente es una persona única, completa, creativa y competente para gestionar su propia vida, y que cuenta con los recursos necesarios para resolver sus situaciones y problemas, por eso evita darle consejos y prescripciones. Esta premisa es fundamental para hacer coaching, porque lo que el coach piense sobre las capacidades y potencial del coachee, tiene un impacto directo sobre su desempeño, y la forma como se relaciona con éste.

El coach cree en la capacidad de auto-gestión del coachee

El coach necesita confiar en el cliente y acogerlo sin ningún tipo de prejuicio, reservas y condicionamientos. Necesita ver la vida del coachee llena de riqueza, propósito y sentido. El coach cree en la capacidad del cliente para tomar buenas decisiones y para auto-gestionar su propia vida; así como en su competencia y suficiencia; en la propia sabiduría del cliente para solucionar sus situaciones de vida.

Carl Rogers llama este énfasis“la mirada positiva incondicional”.

El coach está convencido de que el poder para el crecimiento, la transformación, el aprendizaje y el cambio residen en el cliente, y no en él, ni en su técnica, ni en sus habilidades y conocimientos. Este enfoque debe ser practicado no como una técnica o metodología, sino como un principio rector, como una norma de actuación que guía su aproximación y trabajo al cliente.

El coach promueve el protagonismo del cliente

El coach, pues, promueve el protagonismo del cliente, sabiendo que el coachee es el protagonista principal de su propia trama de vida.

En este proceso es vital lo que el cliente se permite expresar y explorar. Sin la disposición y entrega de éste, no es posible construir el aprendizaje y el cambio. En este sentido, la actitud de confianza que manifiesta el coach en el cliente, actúa como promotor y catalizador de la confianza del último en sus propios recursos y habilidades.

De modo que en gran medida los resultados exitosos de una sesión de coaching, ocurren gracias al protagonismo del cliente, animado por la confianza que le imprime su coach.

Concluimos que el papel de coach consiste en crear el espacio de asociación y confianza en el que el cliente pueda fluir, en el contexto de aceptación y fe con que el coach lo acoge.

Al respecto comenta el manual de formación en Coaching de la Lifeforming Leadership Coaching:

“Por eso el coach hace preguntas en lugar de decir lo que la persona tiene que hacer, escucha en lugar de dar consejo, y respeta al cliente como alguien que es experto en su propia vida”.

Dado que el coach cree en el cliente, evita aconsejarle

En este sentido, el coach escoge deliberadamente no direccionar, ni aconsejar, ni prescribir recetas y formulas, ni inducir al cliente, sabiendo que existe una brújula interior funcionando en la vida de éste. Esta premisa se convierte en una disciplina de fe y en una norma de actuación. De esta forma las intervenciones y actitudes del coach serán modeladas con apego a ese valor: El coaching es la disciplina de creer en las personas.

El creer en la persona en un principio no negociable en el coaching

Este es un principio no negociable en el coaching. Esto implica que el coach necesita dejar a un lado sus juicios de valor, sus posibles prejuicios y preconcepciones, su sabiduría de la vida, así como evitar proyectar en el cliente lo suyo, sabiendo que el coachee sabe mejor que nadie qué le conviene, lo que puede hacer con base a sus recursos, experiencia y habilidades. El coach necesita poner en paréntesis sus creencias, opiniones y percepciones, para evitar contaminar el proceso del cliente.

Un buen coach es consciente de que él no puede transferirle a su cliente su experiencia, sus habilidades y sus recursos.

Para reflexionar:

  • ¿Crees en el potencial y la capacidad de las personas para resolver sus propias situaciones de vida?

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Serie: Principios del coaching

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Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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