¡Cuidado con la cronopatía!

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
29 septiembre 2021

Para observar y contemplar de verdad hace falta pararse, hacer una pausa.

 ¿Te obsesionas por aprovechar el tiempo lo máximo posible y se te hace imposible detenerte?

“No tengo tiempo, estoy ocupado…” es una frase muy común en estos tiempos. Hay personas que se sienten útiles, exitosos y valorados si están muy ocupados.  A muchas personas les gusta estar con exceso de trabajo, sentirse siempre ocupados, vivir con agendas repletas de compromisos y tareas. Eso les da la sensación de que están sirviendo para algo, pero estar ocupado no es sinónimo de ser productivo, ni actividad es necesariamente logro.

¡Estoy muy ocupado!

He escuchado con mucha frecuencia, con rostros que reflejan satisfacción, expresiones como éstas: ¡soy una persona sumamente ocupada, tengo muchas tareas que hacer, tengo muchos problemas que resolver en el día de hoy! No digo que esté mal el ocuparnos de nuestras responsabilidades, sino que el llenar nuestra vida de tareas, rutinas y urgencias, muchas veces al punto del agobio, no pueden ser un fin en sí mismo. “Estar muy ocupado” es, a veces, un mecanismo para llenar el vacío que produce el no tener propósitos claramente definidos en la vida, es una vía de escape por no tener claras nuestras prioridades. Dice S. Covey:” La adicción a lo urgente equivale a una conducta autodestructiva que llena en forma temporal el vacío que producen las necesidades insatisfechas”.

¿Qué es la cronopatía?

 Es la obsesión por aprovechar el tiempo. La imposibilidad de frenarse.

La cronopatía, nombre que deriva del dios del tiempo, Cronos, y el sufijo patía (enfermedad, condición), hace referencia a la obsesión por el tiempo y la dificultad para detenerse, inclusive ante el agotamiento.

Muchos de nosotros nos preocupamos demasiado por aprovechar al máximo nuestro tiempo y hacemos hasta lo imposible para para optimar el tiempo para ser más productivos y eficientes. Este paradigma reinante se resume en la declaración del diario El Clarín, Estapé:

“Creo profundamente que el descanso verdadero se encuentra en vía de extinción. Vivimos convencidos de que la prisa y la aceleración producen mayores y mejores resultados en la vida”.

Este fenómeno es alentado por una cultura prevaleciente del “éxito” y “la productividad”. Vivimos en una cultura donde el paradigma reinante es el de hacer más en menos tiempo.  Esta cultura impulsa al “logro” constante, al esfuerzo permanente, a vivir en forma acelerada, sin pausas. Nos impone agendas apretadas, horarios ajustados, de tal forma que el tiempo se ha convertido (o lo hemos convertido) en un tirano implacable. Vivimos esclavos del tiempo y, como consecuencia, vivimos cargados con mucho estrés.

Lo cierto es que, al día de hoy, muchas personas tienden a medir su significado por lo que han logrado, por el paradigma de la productividad y la eficiencia (hacer más con menos). Por lo que lo que mucha gente tiende a sumergirse en una carrera por “generar resultados”, ser más productivos, andar a prisa, sacrificando salud, relaciones y paz.

La inmediatez se ha convertido en un protagonista crucial de la vida

Esto es alentado por la tecnología actual (teléfonos inteligentes, redes sociales, etc.). Bajo esta forma de operar toman espacio las soluciones rápidas e instantáneas, como el microondas, la liposucción, las comidas rápidas o precocinadas, las drogas, los buscadores en Google, las píldoras de alivio instantáneo, entre otros, así como la gratificación inmediata.

Pero vivir mirando el reloj y llenando la agenda, termina por desgastar a la persona, porque la mantiene en constante estado de alerta, en modo sistema nervioso simpático. Pareciera que para muchas personas el descanso verdadero se encuentra en vía de extinción. Lo cierto es que andamos corriendo por la vida en lugar de vivir la vida. Al respecto comenta Carl Honoré: “Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida”. 

Consecuencias de la adicción a la prisa

Algunos indicios de ir muy rápido son: cansancio (por exceso de trabajo, por dormir menos), sensación de superficialidad (la prisa también es un ropaje para evitar las preguntas difíciles: quién soy yo, cuál es el propósito de mi vida, etc.), aislamiento (no hay tiempo para las relaciones), problemas de memoria (por no dar chance para procesar las cosas), impaciencia – impulsividad – sobre-exigencia (vamos muy rápido, no por necesidad sino por hábito, por miedo, por inercia) , no escuchamos a los otros, sensación de agobio e incomodidad, insatisfacción en muchas áreas, estrés.

La consecuencia de vivir bajo este paradigma de la velocidad es que no saboreamos nuestra comida, no cultivamos el arte de hacer las cosas bien hechas, no reflexionamos, falta de compromiso interpersonal y la superficialidad (no cultivamos verdaderamente las relaciones), no nos paramos a planificar, a priorizar y a determinar en qué queremos gastar nuestro valioso tiempo, simplemente nos dejamos llevar por los acontecimientos, sin pensar; además, nos enfermamos,  nos aislamos, malogramos las relaciones, somos más infelices. En otras palabras, no disfrutamos el viaje por estar tan enfocados en llegar a nuestro destino.

Adictos a las hormonas del estrés

Algunas personas se acostumbran tanto al flujo de la adrenalina descargada en las crisis y en la gestión de agendas congestionadas y repletas, que dependen de ella para sentirse con entusiasmo y energía. Se han hecho adictos al estrés.

La adicción al estrés: un estado que conviene prestarle atención

Si no aprendemos a parar, pausarnos, estamos forjando, sin darnos cuenta, una condición de estrés crónico, al someter al organismo a un permanente estado de alerta. Así, cuantas más veces activamos la respuesta de estrés, por estar permanentemente activados y movilizados a la acción, más difícil se vuelve desactivar la respuesta automática de estrés del organismo. Una vez que se entra en este ciclo, se establece una especie de aceleración cuesta abajo que es difícil de parar. El estrés se va acumulando y la respuesta se hace desproporcionada y automática ante estímulos cada vez más pequeños.

Si continuamente elevamos el nivel de los químicos del estrés en el cuerpo, el mecanismo homeostático se volverá a calibrar a un nuevo nivel normal que es superior al anterior. Es como fijar el termostato interno a un nivel más alto. Al aumentar el termostato a niveles más altos, cada vez se necesitará de mayor cantidad de los químicos (hormonas) del estrés, para llegar al estado elevado de atención y energía necesario en una respuesta al estrés.

Ciclo del estrés crónico (¿Qué es el estrés?)

Ese funcionamiento crea una condición de adicción a las hormonas del estrés. Lo que ocurre es que el cuerpo se mantiene en estado de alerta, y busca regularse homeostáticamente. Con el tiempo el cuerpo exige más cantidad de los químicos producidos durante la respuesta de estrés. Finalmente, el cuerpo toma control del proceso y genera una espiral de realimentación (feedback). De modo que las células le envían al cerebro, nuevos pedidos de químicos. El cuerpo toma control del pensamiento. Este es el ciclo de la química en el cuerpo en la condición de estrés crónico.

Tendemos, entonces, a relacionar personas, lugares, cosas, momentos y acontecimientos con el impacto suprarrenal, la ráfaga química, el punto alto que nos hace sentir vivos. Ejemplo: Me siento vivo y productivo trabajando bajo presión. Por último, se genera un patrón de conducta y hábitos en el que nos volvemos adictos a nuestro entorno o a las circunstancias estresantes, de modo que inconscientemente buscamos estar en esta circunstancia, eventos, estilos de gestión.

Tiempo cronológico vs tiempo de oportunidad

Esta adicción a estar permanentemente ocupados, con prisa, nos coloca en la dimensión cronos de la gestión del tiempo. Cronos indica el tiempo cronológico y lineal. El tiempo cronos es un tiempo cargado de tareas y gobernado por el paradigma del reloj. Esta definición del tiempo, nos lleva a contar y contabilizar las horas y minutos que invertimos en nuestras actividades. De modo que cuando hablamos de administrar bien el tiempo, hablamos de usar adecuadamente las horas y minutos de cada día; ser eficientes en el uso del tiempo (hacer las cosas en el menor tiempo posible). Lo lamentable es que hay áreas de nuestra vida en que no cabe el ser eficiente, sino efectivo, como las relaciones. Si yo, por ejemplo, le dijo a mi hijo adolescente que sólo dispongo de 10 minutos en mi agenda para escuchar sus problemas y necesidades, puede que resulte eficiente en la gestión del tiempo, pero, probablemente, no eficaz en apoyar a mi hijo.

Más tiempo kairos, menos tiempo cronos

Yo propondría, sin desmeritar el valor de cronos, una visión del tiempo en términos de kairos, que indica una oportunidad o crisis que hay que aprovechar. El tiempo kairos es un tiempo cargado de significados, que puede ser comparado con la brújula como metáfora. Para lograr efectividad no solo es importante lograr un dominio y eficiencia del tiempo cronos, sino también lograr percibir el tiempo kairos, asociado a las oportunidades, a las circunstancias maduras.

Cronos y kairos representan dos enfoques, dos paradigmas, dos estilos de vida, dos formas de gestionarse personalmente, que necesitan equilibrarse para ser eficientes y efectivos, pero al mismo tiempo felices, equilibrados y saludables.

Repensando mi visión del tiempo

Obviamente es útil planificar nuestro tiempo: contar con planes, tener cronogramas y agendas bien estructuradas, etcétera. Pero la denominación “administración del tiempo” puede resultar una definición poco feliz. Como dice S. Covey:

“El desafío no consiste en administrar el tiempo, sino en administrarnos a nosotros”.

Al fin y al cabo, como dice Zig Ziglar: “El problema es la falta de dirección, no la falta de tiempo: todos contamos con días de 24 horas”.

El problema es que, apegados estrictamente al paradigma del reloj, nuestras acciones pueden resultar eficientes (consumir la menor cantidad de tiempo en su ejecución), pero no necesariamente eficaces: generar resultados concretos, producir valor agregado; además, apegados al paradigma de cronos, podemos volvernos esclavos del tiempo.

Descansar en un lujo que no puedo permitirme

Vivimos con tal prisa y necesidad de estar ocupados, tan cargados con agendas repletas, que descansar se ha convertido en un lujo, así como el disfrutar de una puesta de sol, o tomarse un café con un amigo, o reflexionar sobre nuestras vidas.

Toda esta loca carrera nos deja poco espacio para reflexionar, tomar contacto con nuestras reales necesidades, construir relaciones sólidas y disfrutar de la vida.

Pero nuestra capacidad para recrearnos y disfrutar del fruto de nuestro trabajo, es una parte esencial de la vida. El rey Salomón dijo: “No hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo; porque está es su parte…” (Eclesiastés 3:22). También dijo Salomón: Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu (Eclesiastés 4:6).

El arte de pausar y relentizar (La adicción a la prisa)

Necesitamos, pues, aprender el arte de, a veces, no hacer nada, estar quietos, en pausa. Esto puede ser un verdadero desafío para muchas personas, pues se han vueltos adictos a “la acción”. Necesitamos recordar que “el arte del descanso es una parte del arte de trabajar» (John Steinbeck). Para eso hay que hacer menos cosas, simplificar la vida y establecer prioridades. A muchos se nos ha olvidado como hacer una sola cosa a la vez.

Necesitamos comprender que, ralentizar en los momentos oportunos, favorece que trabajemos mejor, seamos más creativos, hagamos mejor el amor, comamos mejor, estemos más satisfechos y saludables.

#cronopatía #tiempocronos #tiempokairos #vivoaprisa

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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