¿Cómo entender los síntomas de la enfermedad a través del habla del cuerpo?

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.
21 marzo 2020

El cuerpo nos habla a través de unos emisarios llamados síntomas 

Ante la aparición de la enfermedad el cuerpo utiliza niveles y diversos tipos de síntomas para darnos aviso de la necesidad de cambio que tenemos.

El cuerpo también nos habla a través de los síntomas, que son como precursores de la enfermedad. Al respecto dice Manuel Barroso:

“Detrás de los síntomas está la enfermedad”.

Los síntomas nos dicen que algo está pasando en nuestro cuerpo, tanto por la naturaleza del síntoma como por los efectos que tiene y por los cambios que implica. Según Deb Shapiro, la palabra síntoma procede de las palabras griegas syn, que significa “junto”, y piptein, que significa “caer”. Dicho con otras palabras, son los desajustes, dificultades o conflictos que pueden estar presentes durante días, meses e incluso años, hasta que acaban “cayendo juntos” y creando un síntoma.

Los síntomas son el lenguaje que el cuerpo utiliza para comunicarse. Proceden de todo el cuerpo con mensajes que hablan de lo que está pasando de la piel hacia adentro. “Es como una puerta que se abre a tu interior” (Deb Shapiro). Jacques Lacan los define como:

“Palabras atrapadas en el cuerpo”.

Esta perspectiva nos dice que podemos aprender mucho de nosotros mismos, al escuchar los síntomas, lo cual supone escuchar al mensajero (síntoma) en lugar de matarlo (extirparlo, sedarlo – calmarlo, suprimirlo, silenciarlo). Con la muerte del mensajero, quedamos en ignorancia acerca de la causa principal de la enfermedad.

En ocasiones percibimos a los síntomas como emisarios de un enemigo: el cuerpo. Cuando aparece la enfermedad tendemos a enemistarnos con nuestro cuerpo; lo alienamos. Pero nuestro cuerpo es un aliado más que un enemigo. Es un componente de nuestro sí mismo. Nuestro cuerpo es como una caja de resonancia que amplifica y revela como estamos viviendo. Por otra parte, los síntomas no son espías enemigos; son nuestros aliados: mensajeros de noticias ciertas…verdades irrefutables.

Los síntomas no aparecen para molestarnos, sino que actúan como precursores obligados de una enfermedad que anuncian, y que denota la forma como hemos estado viviendo. La enfermedad que nos aqueja no es nuestra enemiga, sino sólo una forma de expresión de lo que callamos: un lenguaje desesperado que el cuerpo utiliza para provocar nuestra atención, para sentirse tomado en cuenta; una forma extrema de comunicación para avisarnos que hemos equivocado el camino.

Susurros, gritos y alaridos

Los síntomas adoptan diferentes formas y ritmos. Algunos se desarrollan en días, mientras que otros se desarrollan en meses, e incluso años. En ocasiones las señales del cuerpo podríamos calificarlas de susurros, que tratan de llamar nuestra atención.  Estos susurros pueden ocurrir en la forma de rubor, tos, resequedad de la boca, estornudos, gases intestinales, manos y pies fríos, tics en los ojos, hemorroides, etc.

En ocasiones los síntomas gritan, como dando una voz de alerta. Estas son señales más graves y difíciles de pasar por alto. Estos gritos se presentan en la forma de dolores de espalda (lumbagos, espasmos musculares, etc.), escoliosis, colon irritable, refriados constantes, bronquitis, garganta irritada, jaquecas, afecciones cutáneas, etc. Pero a veces nuestros cuerpos necesitan dar alaridos, como una forma extrema de comunicación, indicando que se avecina una enfermedad. Estos alaridos pueden presentarse en la forma de asmas, artritis, hipertensión y problemas cardiovasculares, cálculos renales, enfisema, etc.

Los síntomas nos hablan de nosotros mismos, nos cuenta de nuestros temores, flaquezas e incongruencias. Nos hablan de nuestra historia de vida.

Deb Shapiro “un síntoma nunca es un hecho aislado”.

Se da en un contexto y obedece a unos antecedentes. Detrás de una enfermedad hay una historia de vida. Nuestro actual estado de salud es reflejo de un pasado, unas experiencias y unos aprendizajes. La enfermedad no se instala de la noche a la mañana, surge a lo largo de un proceso de vida. Está muy asociada a una actitud y estilo de vida; a una disfuncionalidad psicológica.

 Manuel Barroso: “Previo a la enfermedad, han sucedido muchas cosas en la vida de una persona. Hay triángulos rotos desde la infancia, informaciones falsas y mentirosas de acomodo, así como desajustes emocionales que afectan los procesos básicos de ubicación e identificación, ya desde la niñez misma. Existe, además, un constante mal manejo de eventos dramáticos, de separaciones, de pérdidas recientes no concientizados y de duelos no debidamente digeridos…”.

La manifestación física de una enfermedad, no es más que la expresión final de un proceso largo en el tiempo. Hay mucha sabiduría en la frase que acuñó Caroline Myss: “Tu biografía es tu biología”.

El cuerpo es un aliado que nos habla con sinceridad

El cuerpo siempre tiene algo relevante que revelarnos acerca de nosotros mismos, si tenemos la disposición a escucharlo. Al fin y al cabo, el cuerpo es el instrumento tangible de que dispone la mente para expresarse. El cuerpo nos habla del desempeño de la mente. Esto es así porque el cuerpo forma parte del yo de la persona. Nuestra experiencia corporal es la experiencia de nuestro sí mismo.

Alexander Lowen decía: “La experiencia del cuerpo es experiencia del sí mismo, igual que el pensamiento, la imaginación y las ideas”.

Cuando nuestro cuerpo nos habla a través de los síntomas de la enfermedad, nos está diciendo que estamos en conflicto (psique – cuerpo), que estamos reprimiendo algunas emociones, que estamos viviendo con incongruencia.  Como lo expresa

Manuel Barroso: “El cuerpo nunca miente, se expresa a través de síntomas, alertándonos, previniéndonos y forzándonos a buscar soluciones inmediatas. El cuerpo habla a través de los síntomas”.

Necesitamos, entonces, aprender a escuchar los mensajes de nuestro cuerpo y a reconocer lo que nos dicen los síntomas: …susurros… sus gritos…sus alaridos.

Para reflexionar:

  • ¿Cómo crees que puedes aplicar este conocimiento para enriquecer tu vida personal y mejorar tu salud y bienestar?

La enfermedad: ¿Un mensajero enemigo o aliado? Parte IV

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#vidaefectiva #salud #bienestar

Arnoldo Arana

Doctorado en Consejería de la Universidad Rhema en Jacksonville, Florida – USA. Maestría en Gerencia de Empresa y Lcdo. en Contaduría Pública. Coach certificado por la ICF. Psicoterapeuta. Escritor y conferencista en liderazgo, coaching y vida familiar.

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